Opinión
Había una vez… un pueblo que nunca fue
—Mmm… abuelo, eso suena raro– fue primera objeción del nietaje. Pero eso nunca me desalienta, la vida es rara muchas veces. Así que sigo.
—Puede ser, pero hay muchos casos en la Historia en que se soñó un pueblo que nunca llegó a ser.
—¡Argentina!– a mí me pareció que el que lo dijo fue el gato del vecino que andaba chusmeteando. En casa tiene la entrada prohibida: por mi mujer, que le tiene fobia, y por mí también, porque es un cínico.
—No, este pueblo en verdad se llama ‘Jesús de Tavarangüé’, palabra que en guaraní significa justo eso: el pueblo que nunca fue. Está en Pagaguay, y es una de las tantas misiones que se destruyeron con la expulsión de los jesuitas en 1767.
—Uhhh, se viene otra historia para dormir… - ahí le tiré con un zapato, ¡gato’e miércoles! Me dispone mal al auditorio y la historia es buena… Desapareció. Para convencerlos les empecé a mostrar fotos.
—Miren las ruinas de esta Iglesia, iba a ser una de las más grandes y lindas del Río de la Plata. Hoy la rodea un pequeño pueblito, casi insignificante… Cuando uno lo ve, se hace la gran pregunta: ¿cómo es posible que lo que fue una gran civilización se haya reducido a casi nada? ¿Qué pasó? Cerquita de allí, hay otras ruinas: las de la reducción de la Trinidad. Y es más dolorosa todavía, porque ese era un lugar vivo, ‘había sido’ un centro de civilización impresionante, con orquestas, coros, bibliotecas; con un templo no menor, lleno de imágenes y pinturas de las mejores. Había treinta pueblos así en esa zona, colmados de Fe, de alegría y confianza en el futuro. Prósperos y trabajadores. Todo eso lo derrumbaron… la compañía de Jesús (los jesuitas) fueron expulsados de los reinos de España. Y lentamente la selva volvió a ser dueña de tierras y de almas.
—¿Quién fue el culpable?
—El rey era malo, un borbón, y puso su firma…
—¡Buhhhh! – dijeron los mayores- ¡Esos son los peores!
—Y, sí… Mal aconsejado el tipo, y dominado por los masones.
—¿Quiénes son?
—Son los miembros de una secta secreta que busca el poder y tiene como enemigo principal a la Iglesia Católica. Han causado lo peores males de los últimos siglos. —¿Todavía existen?
—Dominan el mundo. Pero volvamos a nuestro pueblo. En cada uno vivían un par curas fijos y algunos más que ayudaban en otras tareas: médicos, artistas. Acá, para esta iglesia, se juntaron un buen arquitecto y un gran constructor. El tamaño lo calcularon como hacían en la Edad Media, para que entren todos.
—¿Cuánta gente?
—Y… cerca de tres mil personas; todos guaraníes, que fueron los que la hicieron y que la consideraban como su casa. Por eso se esforzaban tanto en tener la más linda. Generalmente vivían a pocos metros en casitas muy prolijas. Tenían sus escuelas, talleres, sus huertos, su animalitos, en fin, todo lo que podían necesitar. Pero esta, la de Jesús, quedó inconclusa. Pudo haber sido uno de los pueblos más lindos de América…
PEQUEÑO DETALLE
Un pequeño detalle que muchos no saben: Misiones, nuestra Provincia, tomó su nombre de estos pueblos. Paraguay y Brasil, también usan ese nombre para los territorios vecinos. Las misiones mejor conservadas son las del Paraguay. Las nuestras lamentablemente se han destruido en su mayoría. Yapeyú, por ejemplo, fue una misión de las abandonadas y al padre de San Martín lo llamaron a que venga desde España justamente para administrar lo poco que quedaba pocos años después de la expulsión. A todos los argentinos de bien nos emociona ese nombre: Yapeyú, lugar natal de nuestro gran Capitán, pero al pensar el pasado que tuvo nos tiene que dar una gran pena…
—¿Por qué?
—Porque, si hoy es un pueblito más, lindo, pintoresco, y con una gran medalla, ‘ayer’ había sido un centro cultural y espiritual importantísimo. Sobre todo, amaban la música, tenían coros, orquestas, fabricaban sus instrumentos. ¡Y de los complicados! Violines, arpas, órganos, vientos…. Iba gente de todo el país a aprender de ellos y, cuando de otros lados armaban una fiesta, llamaban a músicos guaraníes (de Yapeyú muchas veces) para que toquen. ¡Los mejores de la región! De todo eso, en poco tiempo no quedó nada… Ruinas nomás. Lo mismo que pasó en cada uno de los 30 pueblos guaraníes.
Aquellos jesuitas fueron excepcionales. El más famoso es el primer santo rioplatense: San Roque González de la Santa Cruz y justamente él fue el fundador de nuestra Yapeyú. El milagro que hicieron, único en el mundo, se dio cuando un pueblo que buscaba algo más, el guaraní, se encontró con hombres trabajadores, llenos de fe, esperanza y caridad, que sabían qué era lo que ellos necesitaban y supieron cómo ayudarlos. La historia es tan larga como interesante, triste y olvidada. Algún día la aprenderán…
—En la escuela, seguro que no – dijo el gato que se había quedado escondido. Su tonito era tan repugnante, que me dieron ganas de tirarle el otro zapato, pero… probablemente tenía razón, así que me contuve.