Misa Nº 3 en Fa menor, de Anton Bruckner. Dirección: Ezequiel Silberstein. Solistas: Carla Filipic Holm, Mattea Musso, Ricardo González Dorrego, Franco Gómez. Orquesta Sinfónica Nacional y Coro Polifónico Nacional (direc.: Antonio Domenighini). El miércoles 18 en el Auditorio Nacional del CCK.
El compositor austríaco Anton Bruckner, que era también organista de la catedral de Linz, fue asimismo, con los años, profesor del prestigioso Conservatorio de Viena. Y se convirtió en una personalidad destacada del siglo XIX en paralelo con otros grandes de la música, quedando largo tiempo postergado. Siguiendo las palabras de un colega ilustre del periodismo musical, el prestigioso critico Harold Schonberg, del New York Times, la “década del sesenta del siglo pasado presenció un notable renacimiento de la música de Bruckner…” (sic).
Más bien huraño y sencillo en su personalidad, compuso en su vida, extendida hasta los setenta y dos años cuando falleció en Viena en 1896, numerosas y extensas obras sinfónicas (la mayoría de sus nueve sinfonías dura más de una hora), pero también otras obras religiosas, lo cual lo llevó a componer varias piezas del género sacro, su conocido Réquiem y también varias misas, la tercera de las cuales, en Fa menor, fue la ejecutada en este concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional y el Coro Polifónico Nacional.
Creada hacia 1867 y estrenada cinco años más tarde, esta composición para orquesta, coro y cuatro solistas vocales, fue luego revisada por el autor en varias ocasiones (entre 1881 y 1890) y la dedicó a Richard Wagner, a quien admiraba. También puede decirse que la recuperación de sus obras, de ellas muchas olvidadas, fue lenta y hemos asistido a ese proceso también en el ámbito local.
DESEMPEÑOS
Esta Misa Nº 3 en Fa menor, de una duración de algo más de una hora, también concuerda en su elección con los doscientos años del nacimiento de su autor. Comprende seis secciones: ‘Kyrie’, ‘Gloria’, ‘Credo’, ‘Sanctus’, ‘Benedictus’ y ‘Agnus Dei’. Tuvo en esta oportunidad una exposición muy eficiente de maestro Ezequiel Silberstein, de cuarenta y ocho años y una solvente carrera internacional.
Con asistencia de numeroso público en el Auditorio Nacional, la disposición del orgánico se complementó con la del coro, en su balcón, rodeando el escenario, mientras que de los cuatro solistas vocales hubo un principal destaque en el caso de la soprano Carla Filipcic Holm con sus conocidos y valiosos recursos vocales y la firme y explicita exposición de los motivos en cada parte de la misa.
Los restantes solistas fueron la mezzosoprano italiana Mattea Musso, el tenor Ricardo González Dorrego y el barítono Franco Gómez, empeñosos y cuyas voces fueron absorbidas en ocasiones por la generosa sonoridad del orgánico. En cuanto al coro, se mostró eficiente y bien preparado por su director actual, el uruguayo Antonio Domenighini.
En suma, volver a Bruckner en el año del doscientos aniversario de su nacimiento en la llamada Alta Austria, en el pueblo de Ansfelden, con este concierto de los Organismos Estables, fue también resituarlo en su condición de otro protagonista musical de ese generoso siglo XIX.
Calificación: Bueno