Vino y amigos: ¿qué puede salir mal?

Pablo Echarri y Juan Gil Navarro se reencuentran sobre un escenario como protagonistas de ‘Druk (Otra ronda)’. Dirigidos por Javier Daulte cuentan una historia sobre lo débil de la salud mental masculina y el alcohol como “elemento catalizador para expandir la conciencia”.

En una realidad alternativa en la que la ficción argentina aún siguiera siendo una industria pujante, Juan Gil Navarro y Pablo Echarri estarían por estrenar una tira juntos en alguno de los canales de aire más importantes.

Lamentablemente, las telenovelas en las que solían ser los galanes protagonistas desaparecieron. La buena noticia es que muchas de las estrellas de la pantalla chica hoy se están refugiando en el teatro y en esa retroalimentación todos ganan: el público se reencuentra con sus ídolos y las salas se mantienen ocupadas.

Ese es el caso de Gil Navarro y Echarri, que se reunieron sobre las tablas para protagonizar ‘Druk (Otra ronda)' a las órdenes de Javier Daulte, director y dramaturgo que también supo dirigir algunos de los mejores unitarios de la época dorada de la extinta Polka.

Durante la charla con La Prensa, tanto Juan como Pablo se muestran educados, correctos y hasta un poco serios. Sin embargo, en la obra están obligados a actuar descontracturados, eufóricos, casi erráticos ya que les toca encarnar a Tomi y Martín, respectivamente, dos de los integrantes de un cuarteto de amigos -completado por Carlos Portaluppi y Osqui Guzmán, todos profesores de escuela que se proponen poner a prueba la teoría del psiquiatra noruego Finn Skarderud, quien asegura que el ser humano nace con un déficit de 0,5 de alcohol en sangre.

Según esta hipótesis, ingerir el equivalente a dos copas de vino no sólo no sería nocivo sino que, por el contrario, hasta resultaría beneficioso. Pero, como sucede con toda sustancia adictiva, cuando uno cree estar controlándola suele ser al revés.

 

CATARSIS

“Sabemos que es una obra muy fácil de entender y que va a generar altísimos niveles de identificación. La capacidad del autor hace que no se transforme en algo así como ‘si te sentís mal andá y bebé que vas a sentirse mejor’, porque deja en claro que si hacés eso seguramente te vas a estrolar contra la pared”, asegura Echarri halagando a Thomas Vinterberg, autor de la obra original, que luego fue transformada en la película danesa ganadora del Oscar en 2020: ‘Another Round’.

“Si el alcohol permite la catarsis de algo, y más en este momento de tanta angustia, entonces es válido. Ahora, hay que tener cuidado con el precipicio. Pero es que si no, no hay experiencia, la vida sería muy aburrida, muy chata”, suma Gil Navarro en referencia a la puesta que se presenta de miércoles a domingo en el teatro Metropolitan.

-Fueron antagonistas en ‘La leona’, ¿cómo están viviendo este reencuentro sobre un escenario?

(P. Echarri) -Con Juan nos conocemos hace mucho tiempo por el trabajo que hemos hecho juntos. También por trabajos que él hizo con Nancy (Dupláa). Me acuerdo de ‘Graduados’, algo inolvidable. Así que nos tenemos mucho cariño y, en particular, yo le tengo una gran admiración como actor. Me parece un artista fantástico, con muchos recursos, un constructor de personajes muy lindo, así que cuando supe de la posibilidad de que él fuera parte de este cuarteto me pareció grandioso. Uno vislumbra una buena experiencia, una nueva vuelta dentro de toda esta cantidad de tiempo que hace que nos conocemos. Me parece que ahora, estando en el teatro, viéndonos diariamente, nos vamos a conocer mucho más.

(J. Gil Navarro) -Al final, el verdadero premio es lo que tus colegas puedan decir de vos. Así que gracias, es mutuo el afecto y el respeto. Es verdad, nos conocemos hace un montón. Yo esto nunca lo conté: una vez me estaba yendo a Chile a llevarle una idea a un productor, iba y volvía en el día, me había puesto un traje incluso. La cosa es que me encuentro con una revista de Aerolíneas con una nota a Pablo donde decía: “nos han hecho creer durante muchos años que no somos capaces de hacer cosas nuestras”. Me acuerdo que leí eso y me impactó. Lo tomé como una señal.

(PE) -Fue un buen espaldarazo, seguramente.

La adaptación teatral de la película ganadora del Oscar en 2020 se presenta de miércoles a domingo en el teatro Metropolitan. (Foto: Gustavo Carabajal)

SIN SOMBRAS

Durante la charla, Echarri destaca la gran labor de Daulte, con quien había trabajado en ‘El hijo de puta del sombrero’ y a quien califica como “un obrero de la construcción” y “el más completo de todos”. Como la pieza transcurre en varios escenarios diferentes era bastante probable que se recurriera al clásico ‘apagón’ para representar el cambio de locación, algo que singularmente en ‘Druk’ no sucede. “Como la dramaturgia es tan sólida, el juego actoral es tan vertiginoso y la partitura se ejecuta con tanta precisión, un apagón sería deslucirla. En el teatro finalmente lo más importante es la palabra, así que es algo que afortunadamente no tiene el cliché de lo comercial. No es una obra cómoda”, explica Juan.

-’Druk’ plantea que a veces la vida empuja a tener que consumir alguna sustancia, la que sea, para sobrellevarla. El tema es saber cuándo parar...

(JGN) -Yo he entendido muchas cosas de mí y de mi oficio a través de la mitología, y acá se unen teatro y vino, como lo hacía Dionisio. Puede surgir el tema de la apología del alcohol pero la verdad es que no la hay, como tampoco las fiesta dionisíacas eran un quilombo. Para ser específico, me inclinaría más por el lado de lo catártico. Si el alcohol permite la catarsis de algo, y más en éste momento de tanta angustia, entonces es válido. Ahora, hay que tener cuidado con el precipicio. Pero es que si no, no hay experiencia y la vida sería muy aburrida, muy chata.

(PE) -Hay algo que me pareció muy interesante de este ofrecimiento y es que ‘Druk’ fue originalmente una obra de teatro escrita por Thomas Vinterberg, que para mí es uno de los directores y guionistas cinematográficos más interesantes que he conocido. El alcohol puede ser un elemento catalizador para expandir la conciencia, para quitar algunas estructuras y acercar posiciones, sobre todo con las personalidades más rígidas. Lo plantea como un experimento hipotético del psiquiatra Skarderud, entonces le da una estructura. Pero ni siquiera es posible mantener ese nivel en sangre, nadie ingiere alcohol de forma metódica y matemática. Para mí esto es una joya del teatro moderno y la película tuvo incluso mucho más repercusión que la pieza teatral. Sabemos que es una obra muy fácil de entender y que va a generar altísimos niveles de identificación. La capacidad del autor hace que no se transforme en algo así como ‘si te sentís mal andá y bebé que vas a sentirse mejor’, porque deja en claro que si hacés eso seguramente te vas a estrolar contra la pared.

 

PENDIENDO DE UN HILO

-‘Druk’ también pone el foco en la salud mental masculina ya que son hombres que atraviesan una crisis de la mediana edad. ¿Qué grado de identificación sienten con sus personajes?

(PE) -La sanidad mental de los hombres muchas veces está pendiendo de un hilo por las estructuras que deben mantener, por los mandatos que deben cumplir y por la apariencia que deben sostener. Entonces a mí me pareció algo extraordinario. Cuando leí el guion me sentí muy representado por Martín porque, más allá de tener una pareja estable hace tantos años, veo en mí esas dificultades de poder abrirme en el momento indicado como pareja y como padre también.

(JGN) -No quiero spoilear demasiado pero la verdad es que mi personaje no me representa directamente. O tal vez me representa de otra manera, pero en realidad lo que yo hago con Tomi es de un tipo que decide no hablar. Y a mí me pasa lo contrario, tengo cada vez más la necesidad de hablar, de combatir esta frase tan de moda que es ‘fingir demencia. Me interesa pararme del otro lado porque tengo alrededor un par de situaciones, algunas muy cercanas, en las que eso ha ocurrido y vengo de relaciones familiares en las que se ha barrido algo bajo la alfombra, con consecuencias lamentables.

 

PANORAMA COMPLEJO

Promediando la entrevista surge el tema ineludible de la crisis de la ficción argentina. Y mientras Juan prefiere ni siquiera hablar porque, según él, es un tópico que necesita de mucho tiempo para explicarlo a fondo, Pablo sí se anima esbozar una justificación a la desaparición de la industria.

-Verlos en teatro es un gusto pero se los extraña en la tele. ¿Qué creen que pasó con la ficción argentina?

(PE) -Yo tengo 18 años de trabajo adentro de Sagai (la Sociedad Argentina de Actores Interpretes) y siempre intento agarrar los pedazos del derrumbe en el aire. El edificio se viene derrumbando hace mucho tiempo y muchos de nosotros creíamos que era temporal y que iba a frenar en algún momento, pero el derrumbe es sistemático desde que yo empecé a actuar hace tres décadas. Nací en una televisión pujante, había cuatro o cinco contenidos de ficción en cada canal, con un Instituto de Cine a tope. Yo te podría decir que la Argentina entró en una debacle económica generalizada y, obviamente, lo audiovisual y la tele tradicional no le escaparon de eso.