‘El arte de esgrimir’, de E. Papatino

Una temática difícil, favorecida por la mano diestra del director

 


El arte de esgrimir’. Autor: Enrique Papatino. Dirección: Emiliano Samar. Escenografía: Carlos Di Pasquo. Diseño de vestuario: Sandra Ligabue. Diseño coreográfico: F. Fontán. Diseño de iluminación: M. Miramontes Boim. Intérpretes: Yamila Ulanovsky, Mateo Chiarino. Los sábados a las 20 en el Teatro del Pueblo.


Enrique Papatino (1966) es un autor argentino que se viene destacando en el nutrido campo teatral porteño. Es la tercera obra suya que vemos en los últimos tres años: las anteriores fueron ‘La catedral sumergida’ (2023), premiada por el Fondo Nacional de las Artes, y ‘Macedonio’ (2024), dirigidas por Virginia Lombardo y Emilio Dacal. Este experimentado director quizá fue el nexo entre el dramaturgo y el director de esta puesta, pues se conocieron en 2001 integrando el elenco de su obra ‘El anticuerpo’, también dirigida Dacal.

En la obra Papatino se advierte un interés por la historia. Recordemos su obra ‘Somnium’ (2004) sobre los científicos Johannes Kepler y Tycho Brache y, bueno, ‘Macedonio’, en la que, sin ser una biografía, el autor se tomó sus licencias ficcionales, aunque partiendo de una figura que existió e influyó en la vida cultural de Buenos Aires.

DUELO

La obra que comentamos toma como punto de partida el último duelo con espada que se protagonizó en nuestro país (Monte Chingolo,1968), cuyos contendientes fueron el abogado y periodista Yolibán Biglieri y el almirante Benigno Varela. Este último se sintió agraviado por un artículo escrito por Biglieri, que criticaba su respaldo al golpe de estado de 1966 encabezado por el general Onganía, considerando que, poco tiempo antes, Varela había manifestado su lealtad al presidente Arturo Illia.

Temporalmente, Papatino imagina qué pudo haber ocurrido durante la noche en vísperas del acontecimiento donde Biglieri ponía en juego su vida para defender su honor. Un tema un poco arduo para plantear en estos tiempos (bueno, en todos los tiempos). Inevitables, vienen a la memoria los versos de ‘Que vachaché’, de Discépolo, escritos hace casi cien años: “Pero no ves, gilito embanderado/Que la razón la tiene el de más guita/Que la honradez la venden al contado/Y a la moral la dan por moneditas.”

Si bien Mercedes (Yamila Ulanovsky), la mujer de Enzo, el periodista (Mateo Chiarino), considera, por momentos, que su marido es un gilito expresado en términos más groseros, parece no concordar con la ética del verso discepoliano. Su planteo sería: ¿no hay otras alternativas para zanjar una querella que la brutalidad de un duelo?

El extenso diálogo que mantiene la pareja a lo largo de la obra, con sus más y sus menos, gira en torno de esta cuestión. A partir del duelo con el militar surgen temas escondidos propios de un matrimonio al borde de la separación.

La búsqueda de un arte de esgrimir en ese extenuante diálogo queda trunco y se torna demasiado tediosa. Los temas que discuten no conmueven, creemos que por la técnica de actuación utilizada por los protagonistas. Una obra realista requiere de los actores una mayor introspección. Aquí los personajes quedan al borde de la superficialidad. No logran meterse realmente en la vida, en la carnadura de Mercedes y de Enzo. Apelan a los gestos desmesurados (sobre todo Ulanovsky), al grito fácil ajeno al drama, a movimiento abusivo de los brazos y manos.

Quizá los mejores momentos de la puesta sean los monólogos que interpretan ambos actores por separado, expresados con más convicción y visceralidad.

ESCENARIOS

El texto no es el mejor de Papatino y las actuaciones no logran mejorarlo. Al espectáculo le falta verosimilitud, pero la ingeniosa y minimalista escenografía de Di Pasquo y la puesta de Samar hacen lo imposible para dotarlo de dinamismo y logran convertir el espacio escénico en cocina, pista de baile y la quinta donde se lleva a cabo el famoso duelo.

Coincidimos con el autor en que “el teatro no trabaja para un sentido determinado sino para la imaginación.” Y en ‘El arte de esgrimir’ el sinfín de imágenes logra que revivamos momentos clave como el descripto hacia el final. La iluminación y la música de la época, más allá de rock o twist de moda, son sugestivas. Por ejemplo, ‘Il ballo del mattone’, un éxito de Rita Pavone de 1966 en una grabación de Violeta Rivas, es un canto al amor triunfante y alegre. Se contrapone a ‘Será mejor’, de Manuel Alejandro, interpretado por Raphael en un filme de 1968. Ambas canciones resumen los ejes centrales de la obra, la falta de diálogo, la soledad, el egoísmo, el miedo de no volverse a ver y el dolor de decirse adiós, heridas profundas que se abren sin sables. Claves que encontró Emiliano Samar porque, como señaló alguna vez: “También el director deja signos o huellas en el texto escrito por otro.”

Calificación: Buena

FOTO: GENTILEZA EDUARDO SAMADJIAN