Un lugar en el mundo

 

Pasan los años, pasan los dirigentes, pasan las ideologías y, sin embargo, la Argentina sigue sosteniéndose mayormente sobre un modelo económico agroexportador. Mucho campo y un sector industrial que, aunque vigoroso, necesita del reparo del Estado para echar brotes verdes.

Es cierto que en los últimos años a la ecuación económica se le ha sumado un factor clave: Vaca Muerta. La explotación y venta de los hidrocarburos del yacimiento no convencional de Neuquén crece exponencialmente año tras año y aporta ingresos que resultan clave. Igual, hay una pregunta que repiquetea siempre: ¿Qué debe hacer la Argentina para construir un entramado exportador que le facilite todos los dólares que tanto le hace falta?

La respuesta a esta pregunta está casi siempre sesgada por el cristal político de la administración de turno. Cada uno, a su tiempo, cree tener el sartén por el mango. Si tuviéramos que identificar una política de Estado, cierta continuidad en una estrategia de negocios de comercio exterior, podría decirse que sólo el cultivo y exportación de soja, y el desarrollo de Vaca Muerta atraviesan las variopintas administraciones presidenciales. Y esto ocurre muchas veces más por el impulso propio de la demanda del mercado que por una planificación oficial certera.

Así las cosas, ante el cuestionamiento acerca de qué lugar debería ocupar el país en el concierto del comercio global, los lineamientos liberales impulsan la idea de desarmar el corsé del Mercosur y lanzarse a la firma de tratados de libre comercio que facilitarían el flujo de bienes y capitales. El peronismo en todas sus variantes, en cambio, aboga por el bloque regional y los lazos fraternos ante la idea de que contra las potencias es mejor negociar en conjunto que en forma individual.

Ni una ni otra postura ha terminado por generar mayores cambios en la estructura comercial de la Argentina allende las fronteras. De hecho, el último informe del Intercambio Comercial Argentino (ICA) elaborado por el Indec muestra que el superávit de u$s 227 millones logrado en febrero está parado sobre un 33% de manufacturas de origen agropecuario; 26,5% de productos primarios y 26,5% de manufacturas industriales.

MERCADOS

Si es que buscamos un mejor lugar en el mundo, si lo que necesitamos como país es lograr un reposicionamiento para catapultar las exportaciones y abrir mercados, pues habrá que estudiar el terreno, ir de lo general a lo particular. Y allí hoy por hoy la irrupción de Donald Trump marca el ritmo en la plaza.

Una certeza en medio de tanta bruma es que el viejo Donald ha llegado a su segundo mandato presidencial con el afán de rediseñar el comercio global a conveniencia. Por lo pronto, utiliza la política de aranceles para negociar posiciones como quien pone la pistola encima de la mesa.

Lo que ha quedado claro es que el renovado e incondicional vínculo de Buenos Aires para con Washington baja su intensidad cuando se cuentan los billetes. No hay amistad que valga y, aunque Argentina no es un jugador relevante para los Estados Unidos, igual recibe su azote en materia de sanciones arancelarias.

El mundo parece haber entrado en otra sintonía. La empresa de logística internacional DHL y la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York publicaron el DHL Trade Atlas 2025, un informe que ofrece algunas perlas interesantes:

* El comercio de mercancías crecerá a una tasa anual compuesta del 3,1% entre 2024 y 2029. Aunque la nueva administración estadounidense aplique todos los aumentos de aranceles propuestos y otros países tomen represalias, se espera que el comercio mundial crezca en los próximos cinco años, pero a un ritmo mucho más lento.

* Entre 2024 y 2029 se prevé que cuatro países se sitúen entre los 30 primeros tanto por la velocidad (tasa de crecimiento) como por la magnitud (cantidad absoluta) de su crecimiento comercial: India, Vietnam, Indonesia y Filipinas.

* India, con una proyección de crecimiento comercial absoluto del 6%, se posiciona como el tercer país con mayor crecimiento previsto en el comercio mundial. Sólo China y Estados Unidos, con un 12% y un 10% respectivamente, superan a India en este aspecto. Se prevé que los países con un mayor crecimiento comercial absoluto se encuentren repartidos entre Asia, Europa y Norteamérica

* Entre las principales regiones del mundo, entre 2024 y 2029 el crecimiento más rápido en volumen comercial se prevé para Asia meridional y central, África Subsahariana y los países de la Asean (Association of Southeast Asian Nations), con tasas de crecimiento anual compuesto de entre el 5 % y el 6 %. Se calcula que todas las demás regiones crecerán a un ritmo de entre el 2% y el 4%.

En la observación de este proyectado planisferio comercial, ¿cómo se engarzará la Argentina? ¿Logrará posicionarse como un abastecedor de materias primas y recursos naturales de las potencias? Un dato surge preocupante en el horizonte: según un documento de la Secretaría de Agricultura de los Estados Unidos, China dejará de ser en breve el principal demandante de cereales a partir de su política de autoabastecimiento y soberanía alimentaria. ¿Impactará eso en los volúmenes de venta del campo argentino?

Para reflexionar, es evidente que los países que más crecerán en el próximo lustro a escala global son economías desarrolladas que han logrado este estatus a partir de la producción industrial y el avance de la alta tecnología. Ninguno exporta materias primas. Así que si bien las ventajas comparativas nos llevan por el andarivel del agro, la minería y los hidrocarburos, vale advertir que no se puede prescindir de las políticas industriales.

LOS VERDES

La mirada de largo plazo, la estrategia en torno al comercio exterior está jaqueada por la inmediatez de las necesidades argentinas. En el país de las urgencias permanentes hoy lo más relevante es ponerle el gancho al nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional para lograr las divisas necesarias que refuercen las reservas en rojo del Banco Central y permitan, algún día, quitar el cepo cambiario.

El ministro de Economía, Luis Caputo, que lanza frases como quien escribe sobre el agua, dejó en claro esta semana que no habrá zozobras y un tibio y saludable viento soplará sobre la popa de nuestro navío. "Cuando liberemos no habrá salto devaluatorio. El dólar puede flotar como en cualquier otro país”, dijo, y agregó una opinión temeraria: "Va a haber dólares de sobra".

La política aperturista del gobierno libertario va sembrando ganadores y perdedores. Es inevitable. En los últimos días la administración Milei dio luz verde para la importación en el sector automotriz, desde vehículos traídos por particulares hasta autopartes y unidades eléctricas e híbridas. También le clavó un puñal al sector textil al reducir de manera significativa los aranceles que obraban como una barrera de coral protegiendo un frágil y poco competitivo ecosistema.

Como bien suele afirmar el profesor Juan Carlos De Pablo, convertido hoy en un economista de consulta permanente por el presidente, cuando una administración toma la decisión de abrir las importaciones, surge necesario que al mismo tiempo aligere los impuestos que sofocan a la producción nacional. Hecho lo uno pero no lo otro, el resultado es conocido: el quebranto.

De allí el escarmiento de los empresarios del rubro que alertan sobre el cierre de empresas y la eliminación de puestos de trabajo. Según datos relevados por Jidoka, empresa especializada en comercio exterior, durante el año 2024 las importaciones de prendas de vestir alcanzaron los u$s 159 millones, sobre todo las provenientes de China.

“Con la liberación de barreras como la eliminación de estampillado, etiquetado, declaración jurada de configuración de producto y valores criterios, entre otras, se espera un crecimiento de por lo menos el 30% en las importaciones de indumentaria para este año”, señala el documento.

En la Argentina del superávit fiscal como bandera –volvió a arrojar números positivos en febrero-, el consumo interno todavía deja mucho que desear. Existe una diversidad sectorial pero en el promedio el consumo masivo cayó 9,8% y acumula 14 meses consecutivos en baja. Los datos se replican también en otros ámbitos. Según la Cámara Argentina de Comercio, la venta ilegal callejera -el nicho adonde buena parte de los trabajadores concurre para hacer durar más el sueldo- se desplomó un 91% interanual.

La economía nacional, sedienta de dólares, enfrenta el desafío de encontrar su lugar en el mundo. No la tiene sencilla Javier Milei: debe reconstruir un país casi desde los escombros, reparar el tejido interno y potenciar al sector exportador para ganar terreno en un mercado global que se reconfigura a partir de las políticas proteccionistas que impulsa Donald Trump. No hay margen de error.