La ruptura entre Javier Milei y Mauricio Macri que abrió la puerta a un eventual triunfo del kirchnerista Leandro Santoro en CABA encaja perfectamente en el fenómeno libertario que es tóxico para todo el “establishment” político sin distinguir ideologías ni partidos. Generó, además, una situación sin precedentes: el Gobierno competirá al mismo tiempo contra el antiperonismo en la ciudad y contra el peronismo con solo cruzar la avenida General Paz.
Se podría atribuir esta rareza a que LLA padece un problema de identidad, pero implicaría juzgar al oficialismo actual con la lógica de la “vieja” política. La explicación más probable parece otra: la de la conexión directa de Milei con los votantes prescindiendo de las burocracias partidarias, lo que ya ocurrió notoriamente en 2023.
En este punto resulta inevitable recordar a políticos y politólogos la famosa advertencia de Hamlet a Horacio, “hay más cosas en el cielo y la Tierra de las que ha soñado tu filosofía” o la reflexión de Alexis de Tocqueville después de comprobar en el terreno el desarrollo de la democracia en América: “Se necesita una ciencia política nueva para un mundo totalmente nuevo”.
El enfrentamiento entre LLA y el macrismo se blanqueó el día en el que el primo del expresidente anunció la separación de las elecciones porteñas de las nacionales. Esa decisión ratificó la determinación del macrismo de luchar por el control de la ciudad aun a costa de facilitar un triunfo del kirchnerismo.
Macri y Milei chocaron en una natural disputa de poder, pero el resultado del conflicto tendrá consecuencias dispares. Si Macri pierde será su problema personal: deberá mudarse a Cumelén. Si pierde Milei, el problema será general: la gobernabilidad quedará dañada en forma irreparable y la estabilidad macroeconómica naufragará.
Los discursos de campaña de ambos también son dispares. Como en materia económica sus objetivos casi no difieren, los asesores de Macri han tenido que esforzar la imaginación. Su último argumento es atribuir la incertidumbre en el mercado cambiario al poco apego del Gobierno a los procedimientos institucionales, una cuestión abstracta y de incidencia mínima en las decisiones de los operadores.
Milei la tiene más simple. Hizo que su candidato, Manuel Adorni, se fotografiara con una motosierra frente a la sede del gobierno porteño, lugar en el que el empleo público prolifera con la misma intensidad que donde mandan el peronismo o la UCR. El mensaje fue transparente: Juntos por el Cambio no pudo cambiar nada porque era más de lo mismo, aunque en menores dosis. La motosierra es el único instrumento capaz de remover la principal causa de la decadencia, pero la “casta” nunca la va a usar en su contra.
De esa manera, Milei pone en pie de igualdad a sus dos adversarios más peligrosos -Macri y Cristina Kirchner- e intenta polarizar con ambos simultáneamente. Esta versión de la grieta no requiere un disfraz ideológico como la anterior y se expresa con un mensaje simple resumido en una imagen. El Presidente acaba de instalarla desde el primer día.
Se podría atribuir esta rareza a que LLA padece un problema de identidad, pero implicaría juzgar al oficialismo actual con la lógica de la “vieja” política. La explicación más probable parece otra: la de la conexión directa de Milei con los votantes prescindiendo de las burocracias partidarias, lo que ya ocurrió notoriamente en 2023.
En este punto resulta inevitable recordar a políticos y politólogos la famosa advertencia de Hamlet a Horacio, “hay más cosas en el cielo y la Tierra de las que ha soñado tu filosofía” o la reflexión de Alexis de Tocqueville después de comprobar en el terreno el desarrollo de la democracia en América: “Se necesita una ciencia política nueva para un mundo totalmente nuevo”.
El enfrentamiento entre LLA y el macrismo se blanqueó el día en el que el primo del expresidente anunció la separación de las elecciones porteñas de las nacionales. Esa decisión ratificó la determinación del macrismo de luchar por el control de la ciudad aun a costa de facilitar un triunfo del kirchnerismo.
Macri y Milei chocaron en una natural disputa de poder, pero el resultado del conflicto tendrá consecuencias dispares. Si Macri pierde será su problema personal: deberá mudarse a Cumelén. Si pierde Milei, el problema será general: la gobernabilidad quedará dañada en forma irreparable y la estabilidad macroeconómica naufragará.
Los discursos de campaña de ambos también son dispares. Como en materia económica sus objetivos casi no difieren, los asesores de Macri han tenido que esforzar la imaginación. Su último argumento es atribuir la incertidumbre en el mercado cambiario al poco apego del Gobierno a los procedimientos institucionales, una cuestión abstracta y de incidencia mínima en las decisiones de los operadores.
Milei la tiene más simple. Hizo que su candidato, Manuel Adorni, se fotografiara con una motosierra frente a la sede del gobierno porteño, lugar en el que el empleo público prolifera con la misma intensidad que donde mandan el peronismo o la UCR. El mensaje fue transparente: Juntos por el Cambio no pudo cambiar nada porque era más de lo mismo, aunque en menores dosis. La motosierra es el único instrumento capaz de remover la principal causa de la decadencia, pero la “casta” nunca la va a usar en su contra.
De esa manera, Milei pone en pie de igualdad a sus dos adversarios más peligrosos -Macri y Cristina Kirchner- e intenta polarizar con ambos simultáneamente. Esta versión de la grieta no requiere un disfraz ideológico como la anterior y se expresa con un mensaje simple resumido en una imagen. El Presidente acaba de instalarla desde el primer día.