“Soy una buscadora de oportunidades”

Carla Pandolfi estrena su primer unipersonal, ‘Ana por la ventana’, en El Camarín de las Musas. Dirigida por Alberto Lecchi, la actriz de ‘Envidiosa’ y ‘Un gallo para Esculapio’ se sumerge en una historia que invita a preguntarse si es posible cambiar el rumbo de una vida.

Cuando Carla Pandolfi recibió la propuesta para hacer en teatro ‘Ana por la ventana’ sintió que era un desafío muy grande. “La verdad que me lo planteé mucho. Me daba vértigo estar sola sobre el escenario. Siempre hice teatro grupal, para mí el teatro es colectivo. No es que el unipersonal no lo sea, pero siento que responde más a una práctica y a un ejercicio de actuación, de interpretación y de poder movilizar emociones”, explica con voz pausada mientras se sirve un mate en una de las mesas que El Camarín de las Musas (Mario Bravo 860) tiene en su entrada.

Es allí, en esa sala, donde desde hoy se presentará -los viernes a las 22.30- con esta obra escrita por Alfredo Alfredo Allende y dirigida por Alberto Lecchi, en su vuelta al teatro. “Lo pensé un poco porque sentía como un desafío grande que sea un unipersonal. Pero cuando uno está en una etapa de la vida donde está buscando varios cambios y se está probando a uno mismo en diferentes áreas, me parecía que también la llegada de este trabajo venía a constatar cosas que un poco yo me venía preguntando”.

ROMPER MANDATOS

-¿Qué nos puede contar sobre ‘Ana por la ventana’?

- Es un texto muy lindo, una fábula que trae algunos cuentos del imaginario colectivo que están en todos nosotros. El personaje trata de bucear por esos universos y hacerlos dialogar con su propia realidad. Es una mujer que está en la mediana edad, en el transcurso de sus cuarenta, en donde hace un parate y se replantea un poco la manera en que está viviendo, cómo está encarando su vida laboral, afectiva, familiar. Y, a través de un hallazgo que le ocurre en su vida cotidiana, eso la lleva a reflexionar y a tener la sensación de que tiene que barajar y dar de nuevo. Yo me siento muy interpelada por eso, estoy transitando una etapa bastante similar, pero no es que Ana siente que sea todo descartable, que todo lo que le pasó e hizo deja de funcionar. Ella misma se va a dar cuenta de que algunas cosas no son para tirarlas por la ventana.

-Es una obra con la que el público se puede identificar.

-Creo que sí. Siento que tiene una poética muy linda el texto, que remite a los universos mágicos y a los portales que se van abriendo en los cuentos que nos contaban de chicos, que ejercen esa especie de moraleja entre la vida real y la vida fantástica. Me parece que es algo lindo de ver teatralmente.

-La obra habla de romper mandatos, ¿usted tuvo que hacerlo para llegar a este presente?

-Yo soy del año ‘82, no nací con esta explosión del feminismo que por suerte estamos teniendo y estas reflexiones que está habiendo en la sociedad. Los mandatos están todo el tiempo, e inclusive ahora se están generando nuevos. Uno nunca va a poder aislarse por completo, pero me parece que lo interesante es poder uno detenerse y decir: ¿qué de todo esto que está impuesto o que marca el ritmo de esta vida que llevamos me sirve o no? Soy mamá de dos hijos, vengo de un pueblo chiquito con una familia laburante de clase media, con pensamientos conservadores en muchos aspectos, pero nunca sentí coartada mi libertad. Siento que hay un montón de mandatos que no los tengo, otros que sí, y que hoy me estoy parando en el decir: “esto me sirve o no me sirve, pero desde el deseo, no como fue durante muchos años que era ‘esto se hace así, debo ser así o debo decir esto’”. Con 43 años, no me condeno porque sé que soy de una generación transicional.

-¿Fue difícil llegar desde Córdoba a Buenos Aires?

-Sí, me costó el hecho de la dimensión. En los pueblos, seas quien seas, vos sos alguien, tenés un nombre; acá el anonimato es absoluto. A lo largo de los años le encontré cosas muy positivas a la ciudad, que hoy disfruto y me encanta, pero al principio me costó.

-Y en los últimos años, ¿no siente que fue perdiendo un poco ese anonimato y la gente la reconoce?

-Sí, claro. Lo vivo con mucho agradecimiento porque que la gente te empiece a reconocer por trabajos que hiciste habla bien de tu labor, de cosas que fuiste ganando con el transcurso de los años. No me molesta para nada. Igual, tengo una vida muy tranquila, no me siento expuesta.

EN LA PANTALLA

No es frecuente ver en pantalla a artistas argentinos que estrenen ficciones en distintas plataformas. Con Carla Pandolfi no ocurre eso. La actriz, que dio un salto en su carrera con ‘Un gallo para Esculapio’, formó parte de algunas de las series argentinas que se estrenaron en los últimos meses en los diferentes servicios de streaming: ‘Envidiosa’ (Netflix), ‘Espartanos’, (Disney+) y ‘La mente del poder’ (Flow). “Agradezco y aprovecho la oportunidad que se presenta. Soy muy buscadora de oportunidades”. Además, este año se la podrá ver en ‘En el barro’, también por Netflix.

-¿Qué nos puede adelantar sobre ese ‘spin-off’ de la serie ‘El marginal’ se desarrolla en una cárcel de mujeres?

-Muy poco puedo decir. Estoy dentro de los personajes secundarios y transito durante las dos temporadas. Es alguien que trabaja adentro del penal. Para mí fue, y más en el contexto que estamos viviendo, muy controversial interpretarlo.

-Desde ‘Un gallo para Esculapio’ viene manteniendo mucha regularidad en series importantes, ¿cómo lleva eso en un contexto en el que la ficción audiovisual no lo está pasando bien?

-Me siento sumamente privilegiada, agradecida y tratando de ser consiente de las oportunidades que tengo. Entendiendo que el trabajo del actor y de la actriz, y de toda la gente que compone el sector audiovisual y teatral, es este y a veces hay trabajo y otras no. Pero en los momentos que no hay tanto, uno también tiene la posibilidad de crear y de empezar a volcar la experiencia que va trayendo de otros ámbitos. A mí se me despertaron mucho las ganas de ponerme a escribir, empezar a tener mis propias ideas. También un poco afligida por la realidad, que no se esté apostando tanto a la cultura en cuestiones de inversión siendo la sociedad ha crecido mucho a través de las películas, del teatro, de las series.

-¿Y cuánto falta para la Carla directora?

-No lo sé. Este año me han llamado muy amorosamente varios amigos que estaban con proyectos de teatro, pero por tiempos se me hacía muy difícil ya que hay que dedicarle mucha atención a un proyecto. Ahora vamos a ver qué pasa con ‘Ana…’. En esta obra un poco estoy participando, aunque mínimamente, de la dirección junto con Alberto. Creo que la dirección tiene que ver también con que una va ganando seguridades en otros terrenos, que es un poco una mezcla entre lo personal y lo profesional. Me gustaría que mi etapa de directora llegue en breve.