Poy, el hombre de la palomita inmortal

El baúl de los recuerdos. Para los hinchas de Central es El Aldo. Marcó uno de los goles más recordados del clásico rosarino. Se ganó la idolatría eterna en el equipo canalla, con el que ganó dos títulos.

La asociación es inevitable. Su nombre y su apellido conducen siempre al mismo recuerdo. Al mismo gol. A un gol eterno. Hablar de Aldo Pedro Poy invita, siempre, a evocar su palomita. Su gol de palomita. El que definió el clásico rosarino que despejó el camino de Central hacia el título del Nacional de 1971. Aunque El Aldo, como lo llaman los hinchas canallas, se destacó dentro de una cancha por muchos más motivos, ese tanto marcó un antes y un después. Por esa razón, Poy es el hombre de la palomita inmortal.

El destino puso a Central y a Newell´s cara a cara en las semifinales del Nacional de 1971. Rosario vibraba como nunca. Desde que los equipos de esa ciudad santafesina se sumaron en 1939 a los torneos de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), jamás habían llegado juntos a una instancia tan importante. El partido que los puso frente a frente el 19 de diciembre del 71 no podía ser uno más. No lo fue. Ganaron los canallas 1-0 con la palomita de Poy. Ese gol se convirtió en símbolo del orgullo de la hinchada auriazul. Y su autor ingresó a la galería de los grandes ídolos centralistas.

“El 19 de diciembre de 1971, Aldo Pedro Poy corrió inútilmente una pelota que se iba afuera por detrás del arco de Ñulls, y le gritó a otro fotógrafo que había alistado su máquina en vano: `¡Prepará la cámara que en la próxima jugada le hago el gol!´. Y lo gritó fuerte, como para que el Loco Fenoy lo escuchara. A la jugada siguiente, Jorge González, lateral derecho de Central, subió por su costado, metió el centro al punto del penal y Aldo, de palomita, marcó el único gol que le daría a Central el triunfo en esa semifinal y la posibilidad de ganar, luego, la final contra San Lorenzo de Almagro. (Un amigo mío, canalla fanático, cuenta que suele tener una pesadilla recurrente. `Sueño que el Negro González, en lugar de tirar el centro, engancha hacia adentro. Y me despierto transpirando.´)”.

Poy se zambulle y hace realidad la palomita que define el clásico rosarino en el Monumental.

El pintoresco relato es una magnífica creación de Roberto Fontanarrosa en el libro No te vayas, campeón. Resume con inapelable precisión -y con una colosal dosis de picardía- lo que representó la conquista de Poy para Central. Seguramente, también para Newell´s. El Aldo protagonizó un momento único que, por el insólito fervor popular, se repite año a año los 19 de diciembre. Increíble, pero real, los hinchas canallas lo convocan, a pesar del paso del tiempo, para recrear la palomita. Puede ser en Rosario o en cualquier punto del planeta. Lo importante es festejar otra vez ese gol inolvidable, imperecedero.

Tal como lo contó Fontanarrosa, El Negro José Jorge González -los de Central también lo llamaban Billy-, se lanzó por la punta derecha y envió al centro al corazón del área leprosa. Poy se arrojó hacia adelante y con un cabezazo superó la resistencia del arquero Carlos Fenoy. El tanto se produjo a los 9 minutos del segundo tiempo y el 1-0 se mantuvo hasta el epílogo del clásico disputado en la cancha de River. El gol se convirtió en leyenda. Es más: creó otras historias legendarias tan insólitas como solo el fútbol puede alumbrar.

Cerca de Poy estaba el defensor rojinegro Ricardo De Rienzo, pero su esfuerzo por anticiparse al atacante fue en vano. Nada pudo hacer para impedir la definición. El destino, caprichoso y juguetón, puso al marcador de punta leproso en el centro de un hecho tan simpático como absurdo que no hizo más que agigantar el impacto del gol.

Increíble, pero real: en este frasco se conserva parte del apéndice de Ricardo De Rienzo, defensor de Newell´s.

Al día siguiente, el futbolista nacido en Arroyo Seco sintió intensos dolores abdominales que lo obligaron a pasar de urgencia por el quirófano. Sufría de apendicitis. Le extirparon el apéndice. Mejor dicho: un cirujano hincha de Central le extirpó el apéndice. El médico guardó un trozo de ese órgano y se lo hizo llegar a la OCAL, una misteriosa organización que congrega a un particular grupo de simpatizantes canallas. El frasco con esa pequeña parte del cuerpo de De Rienzo se conserva en un lugar secreto y bien custodiado.

“Apéndice del jugador De Rienzo, donde a 20 cm. de la misma pasó la pelota impulsada por Aldo Pedro Poy de ‘palomita’, convirtiéndose en el gol con el cual Central elimina a N.O.B. el 19 de diciembre de 1971”. Eso puede leerse en el rótulo del recipiente en el que aún hoy guarda esa porción del apéndice del hombre que no llegó a evitar la palomita. ¿Cómo no iban a ser inmortales el gol y Poy?

CANALLA, SIEMPRE CANALLA

Poy es canalla desde la cuna. Nació el 14 de diciembre de 1945 en el mismo barrio en el que se yergue el estadio de Central. Cuando no pudo saciar su apetito por el gol en las tardes de fútbol en los potreros de la zona, se unió al equipo del que era hincha. Si bien tenía el arco rival entre ceja y ceja, no era un centrodelantero común y corriente. No podía serlo. Admiraba a Humberto Rosa, un atacante de excelsa calidad cuyas definiciones solían ser exquisitas.

La pasión de la hinchada canalla hace que cada año Poy reedite su inmortal gol contra Newell´s.

Escalaba en las divisiones inferiores admirando la habilidad del Gitano Miguel Antonio Juárez, el dueño de la camiseta número 9 de Central. En 1964 le llegó la hora de actuar en la Tercera División por decisión de Alejandro Mur, otro jugador de notables condiciones técnicas que había hecho goles a raudales con la camiseta auriazul. Los rosarinos ganaron ese año el certamen y en 1965 se quedaron con el título de Reserva. A esa altura, Poy ya había llegado a Primera. El sueño del pibe hecho realidad.

El 3 de octubre de 1965, el técnico José María Casullo le dio la oportunidad de debutar en la divisional superior. En el puesto en el que se desempeñaba Poy la gran promesa era Carlos Bulla, quien no se afirmó en Central, pero más tarde lo hizo en Platense. Entonces, El Aldo apareció como puntero derecho, un función en la que no podía explotar sus condiciones al ciento por ciento. Jugó diez partidos en esa posición, mientras Bulla y Néstor Borgogno competían por la propiedad de la camiseta con el 9 en la espalda que había dejado vacante El Gitano Juárez.

La temporada siguiente, surgió otro competidor: Marcelo Pagani. Poy continuaba como wing y sus rendimientos no llegaban a convencer al exigente público de Central. Sí, le notaban buenas condiciones técnicas, pero le reprochaban la falta de gol. ¡Justo a él que los había hecho a granel en los potreros rosarinos! Así y todo, ese año se dio el gusto de festejar tres tantos: el 17 de julio venció al arquero Héctor Cordero, de Chacarita, una semana más tarde sometió nada más y nada menos que al gran Amadeo Carrizo, de River, y el 6 de noviembre estampó el 2-0 en un clásico contra Newell´s, con Alfredo Gironacci como víctima.

Aunque le costó afianzarse en Primera, Poy se convirtió en un ídolo indiscutido de Central.

El equipo respondía a las órdenes del entrenador José Minni, quien hacía su primera experiencia en el cargo luego de haber vestido la camiseta de Central hasta 1959. El antiguo mediocampista ubicó a Poy como centrodelantero, pero el cambio de posición no dio los resultados esperados. Los comienzos no eran nada sencillos para el joven que se imaginaba emulando las actuaciones de Rosa y del Gitano Juárez.

La hinchada lo hostigaba y hasta se pensó en la posibilidad de transferirlo a Los Andes. Àngel Tulio Zof, quien lo había visto en las inferiores canallas, pretendía llevárselo a Lomas de Zamora. Poy tenía 22 años y no concebía su futuro lejos de Rosario. Entonces, en una maniobra descabellada, se escapó de su casa y se escondió en una isla cercana a su ciudad. Pasó ahí dos días hasta que Zof y los dirigentes del equipo bonaerense se dieron por vencidos.

Miguel Ubaldo Ignomiriello, el hacedor de La Tercera que mata, el equipo preliminar del que se nutrió el exitoso Estudiantes de Osvaldo Zubeldía, tomó las riendas de Central en 1967. Confió en el discutido Poy y él le pagó con creces esa confianza. Aparecieron los goles: dos en el Metropolitano y siete en el Nacional. Uno hasta había servido para derrotar a Newell´s en el Parque Independencia. Entonces, se evaporaron las dudas, pues el atacante se afianzó como centrodelantero. Ya no había espacio para los cuestionamientos. Era el 9 de los canallas.

Si bien nació centrodelantero, durante mucho tiempo usó el número 10 porque acostumbraba a retroceder en el campo para armar los ataques.

El arquero Edgardo Gato Andrada, Carlos Timoteo Griguol, el uruguayo José Jorge González, Aurelio Pascuttini, Adolfo Bielli y Luis Oreja Giribet, entre otros, solían acompañarlo. Claro, lo que se percibía distante era la oportunidad de hacer una buena campaña, de lograr que Central se mezclara con los equipos más poderosos. Es cierto, salvo por el Estudiantes de Zubeldía, el Vélez campeón del Nacional 68 y la impactante consagración de Chacarita en el Metropolitano de 1969, el fútbol argentino continuaba siendo cosas de grandes.

Central había terminado a un punto del Fortín, River y Racing, los tres que definieron el título del Nacional del 68, pero ese había sido un caso aislado para los rosarinos. La suerte cambió cuando Ángel Labruna desembarcó en el club. Al Feo le había ido bien en su primera experiencia en Platense y hasta vio cercana la posibilidad de devolverles la alegría a los millonarios tras una década de frustraciones, pero se terminó quedando con una amarga decepción en la definición que legó para la posteridad la eterna polémica por La Mano de Gallo.

¡CAMPEÓN!

Antes del desembarco triunfal de Labruna en el club, Central quedó apenas a un paso de ser campeón. Zof tomó por primera vez las riendas del equipo y lo condujo a una campaña excelente. Lo llevó al tope de la Zona B del Nacional de 1970 junto con Boca. La tarea de los canallas fue tan destacada que le ganó los dos clásicos a Newell´s. El triunfo por 3-1 en Arroyito incluyó dos goles de Poy, quien era especialista en el arte de anotar contra los leprosos.

Un ataque contra Boca encabezado por El Aldo.

Con la ilusión como motor, los rosarinos no le tuvieron piedad a Gimnasia en las semifinales. Un inapelable 3-0 -con un tanto de Aldo- depositó a las huestes de Zof en la final contra los xeneizes, con los que habían perdido 3-2 en La Bombonera y vencido 2-1 en Rosario con otros dos tantos de Poy.

El miércoles 23 de diciembre en la cancha de River, los de la Ribera se impusieron 2-1 y dejaron con las manos vacías al conjunto de Zof. Ángel Landucci había puesto en ventaja a Central y el elenco que orientaba tácticamente José María Silvero revirtió el marcador gracias a las conquistas de Ángel Clemente Rojas y Jorge Coch.

La frustración fue enorme, pero, una vez sofocada la pena, quedó firme la percepción de que Central no estaba tan lejos. El título no era una quimera. Cuando se había consumido la mitad del Metropolitano del 1971, Labruna reemplazó a Zof, previo interinato de Griguol en el medio por varias fechas. El décimo puesto no conformó a nadie, pero El Feo pareció detectar que se podía pensar en apuntar al campeonato. Quizás solo él estaba seguro de ello.

“Con él tengo asegurado el fútbol, la conducción y la sangre que necesita un equipo para ser campeón”, contestó Labruna cuando le consultaron sobre el rol de Poy en el equipo que iba a afrontar el Nacional del 71. No se equivocó. El Aldo se transformó en el líder de un equipo que, después de una etapa de fútbol muy ofensivo a las órdenes de Zof, tomó mayores precauciones y pasó a rendirle culto al equilibrio. Seguro atrás, con marca y creatividad en el medio y con efectividad en ataque. Una fórmula simple. Sin misterios.

Durante casi una década, Poy festejó muchos goles con el público canalla.

Poy arrancaba desde la teórica posición de centrodelantero, pero retrocedía unos metros para asociarse con El Pato Carlos Alberto Colman en la conducción. Tanto es así que muchas veces llevaba el 10 en la espalda. Junto con ellos, Landucci dominaba el centro del campo y se lanzaba con frecuencia al ataque. El Cai Carlos Aimar tenía a su cargo la recuperación de la pelota. El arco lo custodiaba El Flaco Norberto Menutti, quien tenía delante una retaguardia integrada por El Negro González, Pascuttini, Alberto Fanesi y El Colorado Mario Killer. Adelante, Ramón Bóveda y El Chango Roberto Gramajo hacían el resto.

Central completó una muy buena campaña en la primera fase. Alcanzó el primer puesto de la Zona B con nueve triunfos (algunos implacables como el 5-1 sobre San Martín de Tucumán y el 6-2 contra Boca), tres empates y apenas dos derrotas. Sí, una de esas caídas había sido un duro 5-1 a manos de San Lorenzo, pero en el fútbol esas cosas pueden ocurrir. La contribución de Poy había sido reducida en cuanto a goles, pues solo les había anotado uno a los tucumanos.

Por los siglos de los siglos, el gol de palomita de Poy será uno de los más icónicos del clásico rosarino.

El Aldo se había guardado lo mejor de su repertorio para las semifinales. Ese ya célebre 19 de diciembre en El Monumental se zambulló para conectar el centro del uruguayo González, quien, para regocijo del Negro Fontanarrosa, no enganchó hacia adentro y encontró a Poy para hacer realidad la palomita más famosa de la historia del clásico de Rosario. Central se impuso 1-0 a Newell´s y catapultó a los de Labruna a la finalísima contra San Lorenzo.

El destino, caprichoso, le hizo un guiño inmenso a Central: el partido decisivo se debía disputar en la cancha de Newell´s. Tres días después de la palomita de Poy, los canallas se abrazaron a su primer título profesional con un 2-1 frente al Ciclón. El Gringo Héctor Scotta abrió la cuenta para los azulgranas, pero los rosarinos forjaron la obtención del campeonato con goles de Gramajo y Colman.

Menutti; El Negro González, Pascuttini, Fanesi, Mario Killer; Aimar, Landucci, Colman; Bóveda (reemplazado luego por Miguel Bustos), Poy y Gramajo salieron a escena ese 22 de diciembre. Agustín Irusta; Rubén Glaría, Ricardo Rezza, Ramón Heredia, Antonio Rosl; Enrique Chazarreta, Roberto Telch, Antonio García Ameijenda; Scotta, El Ratón Rubén Ayala y El Lobo Rodolfo Fischer (entró más tarde Hugo Promanzio) integraron la formación que conducía Rogelio Domínguez.

El equipo que le dio a Central el primer título en los torneos profesionales de la AFA.

La alegría hizo nido en Rosario. La mitad de la ciudad se embanderó con los colores de Central. Los canallas demostraron poco después que su título no había sido casualidad. Solo dos años más tarde, llegó el segundo título. Antes de ese éxito, disputaron con suerte dispar la Copa Libertadores del 72, en la que no superaron la primera fase y no se internaron en la lucha en los certámenes Metropolitano y Nacional. Así y todo, golearon 4-0 a River en Arroyito con dos tantos de Poy y 5-0 a San Lorenzo de Mar del Plata.

Labruna se alejó durante el Nacional del 72 y nuevamente fue convocado Zof. Sin embargo, el técnico que tenía en mente la dirigencia era otro viejo conocido del club: Griguol. Con pasado como mediocampista central canalla en los 60 y entrenador interino en los años siguientes, le dieron la responsabilidad de ponerse al frente de un plantel que experimentó algunas bajas significativas como las de Landucci, Gramajo, Fanesi y Jorge Carrascosa, quien peleaba el puesto de marcador lateral izquierdo con El Colorado Killer. También partió Menutti, por lo que la base del campeón del 71 quedó bastante resentida.

Las ausencias se cubrieron con futbolistas que ya estaban en Rosario. Carlos Biasutto había llegado de Atlanta en el 72 y las inferiores proporcionaron el reemplazo en el fondo con Daniel Killer y en el mediocampo con Eduardo Solari. En el costado izquierdo de la última línea se afirmó Juan Antonio Burgos, arribado desde San Martín de Tucumán. Para compensar la salida del Chango Gramajo se concretó el regreso del Oreja Giribet.

Poy y el uruguayo José Jorge González, dos de los puntales de Central en sus primeras conquistas. 

El Metro del 73 ascendió al Olimpo de los grandes equipos del fútbol argentino al Huracán que dirigía técnicamente César Luis Menotti. Su recompensa fue el título que se antojaba un merecido premio para un Globo que volaba alto con la exquisita premisa de conjugar el triple desafío de ganar, gustar y golear. En el elenco de Parque de los Patricios fue decisiva la presencia de Carrascosa, mientras que Fanesi, por problemas físicos, apenas pudo dar el presente en un puñado de partidos.

Central quedó en un lejano octavo puesto, con 16 puntos menos que el formidable Huracán del Flaco Menotti. Quizás lo más relevante de ese certamen haya sido el 4-1 sobre Newell´s en la quinta fecha, cuando el DT todavía era Zof. Una de las más elogiadas funciones de gala del Globo se dio, justamente, en un 5-0 sobre los rosarinos en Arroyito. En el desquite, Poy anotó de palomita en el 1-1 en Parque de los Patricios. En cambio, en el Nacional, ya bajo la batuta de Griguol, Central elevó su rendimiento y desde el debut con un 4-0 contra Belgrano aparecieron las muestras de que el equipo iba adquiriendo la fisonomía de un aspirante al título.

El título de Central en el Nacional 73 retratado en la tapa de la revista El Gráfico.

En ese torneo, Poy jugó decididamente como volante ofensivo. No siempre usaba la camiseta con el 10 en la espalda, pero a grandes rasgos su función era esa. Por supuesto no era un típico enganche, sino un atacante con facultades de conductor y buen olfato para aparecer por sorpresa en el área. Tal vez por esa razón su contribución en materia de goles se redujo al tanto que marcó en la victoria por 2-1 sobre Chaco For Ever y a los dos que señaló en el empate 2-2 con Independiente. Su principal misión consistía en abastecer al trío de ataque que en la mayoría de los partidos contaba con Bóveda, Roberto Cecilio Cabral y Daniel Aricó.

Central escoltó en la Zona B a un Atlanta de asombroso trabajo. Una gloria de River, Néstor Pipo Rossi, era el DT de ese Bohemio en el que cosechan elogios Alejandro Onnis, Aldo Pichón Rodríguez, Juan Antonio Gómez Voglino, Rubén Cano y Héctor Palito Candau, entre otros. Los rosarinos perdieron 1-0 en el mano con los de Villa Crespo. La otra caída en la fase inicial se dio por el mismo marcador en la visita a Gimnasia de Jujuy.

El nombre del campeón debía definirse en un cuadrangular final al que accedieron los dos mejores equipos de cada zona: River, San Lorenzo, Atlanta y Central. Todos los partidos iban a realizarse en escenarios neutrales. Ese tramo del certamen se desarrolló en diciembre, un mes que parecía propicio para Central. El 19, en la cancha de Newell´s, le ganó 3-1 a los millonarios con goles de Juan José López, en contra, Cabral y Bóveda. Norberto Alonso descontó para los de Núñez.

A partir de 1974, Poy formó una buena dupla con Mario Alberto Kempes en Central.

“Lo dijo el tío (por Héctor Cámpora), lo dijo (Juan Domingo) Perón, hacete canalla que sale campeón”, cantaba la esperanzada hinchada de Central. Cuatro días más tarde, las posibilidades de hacer realidad ese pegadizo estribillo se fortalecieron con un 2-1 contra Atlanta en La Bombonera. Eduardo Solari y El Cai Aimar anotaron para los de Griguol y Gómez Voglino lo hizo para los bohemios.

La puja por el título había quedado reservada a dos aspirantes: Central, con cuatro puntos, y River, con dos. El 25 de diciembre, el elenco de Griguol se encontró con San Lorenzo. Le alcanzaba con el empate y lo consiguió: Pío Cabral puso en ventaja a los rosarinos y El Gringo Scotta selló el 1-1 definitivo. Los canallas disfrutaron un magnífico regalo de Navidad y viajaron hacia su ciudad envueltos en la gloria de saberse campeones por segunda vez. 

La alineación que hizo realidad el segundo campeonato de Central solía contar con Biasutto; El Negro González, Pascuttini, El Perro Daniel Killer, Burgos; Solari, Aimar, Poy; Bóveda, Cabral y Aricó o Giribet. El Aldo, más armador que definidor, cerró el año con siete goles (cuatro en el Metropolitano y tres en el Nacional). Claro, a esa altura los números no servían para cuantificar lo que el ídolo rosarino le daba al equipo. Y mucho menos después de la palomita del 71 contra Newell´s.

En el Nacional de 1973 Central se dio el gusto de ser campeón por segunda vez.

UN ADIÓS ABRUPTO

Tarde o temprano, Poy tenía que ganarse un lugar en la Selección. Era verdad que ya sea como centrodelantero o como mediocampista ofensivo se veía forzado a competir con excelentes futbolistas, pero finalmente, recibió el llamado de Enrique Omar Sívori para vestir de celeste y blanco. Eso sucedió en momentos en los que Argentina trataba de asegurarse el boleto para el Mundial de Alemania Federal 1974.

El Cabezón, un técnico dispuesto a llevar a cabo una preparación inédita hasta entonces en la vida de la Selección, había tomado una decisión revolucionaria. El Seleccionado debía enfrentar a Bolivia en La Paz y, después del traumático paso albiceleste por las Eliminatorias para México 70, Sívori intuía que el partido en el Altiplano podía ser decisivo. Eso lo indujo a designar a su colaborador Ignomiriello para trabajar con un plantel cuya tarea era salir a la cancha en los 3.600 metros sobre el nivel del mar de esa ciudad.

Ignomiriello conocía a Poy. Había confiado en él cuando era un joven que procuraba ganarse un puesto en Central y, por lo tanto, pensaba en incluirlo en el duelo con los bolivianos. El prolijo trabajo que encaró sufrió a último momento la intempestiva decisión de Sívori de hacerse cargo del equipo horas antes del partido. El DT principal, además, optó por hacer jugar como titulares a algunos futbolistas que no habían hecho la preparación en la altura.

Poy disfruta con Daniel Tagliani y Osvaldo Cortés el valioso triunfo de la Selección fantasma sobre Bolivia en La Paz.

Incluso en medio de ese repentino caos, el operativo fue exitoso y la Selección fantasma -tal como se denominó a ese equipo- ganó 1-0 gracias a un gol de Oscar Fornari, delantero de Vélez. Poy actuó como volante en un mediocampo que se completaba con Telch (San Lorenzo) y Rubén Galván (Independiente).

El valioso triunfo se cosechó el 23 de septiembre de 1973 y entre los varios debuts que registró Argentina ese día se produjo el de un pibe cordobés que jugaba en Instituto y que poco después iba a ser figura en Central: Mario Alberto Kempes. Otro que tuvo su primera vez fue un fenómeno que asomaba en El Rojo de Avellaneda: Ricardo Enrique Bochini.

El Aldo continuó en los planes de Sívori y se mantuvo incluso después de que El Cabezón pegara un portazo y se alejara de la Selección por diferencias con la conducción de la AFA. El trío Vladislao Cap, Víctor Rodríguez y José Varacka reemplazó al otrora fenomenal jugador de River y comandó al representativo nacional a una triste participación en el Mundial. Antes de eso, el Seleccionado sufrió un par de papelones horrendos.

El Aldo en un entrenamiento en la altura con la Selección fantasma.

El primero se antojaba tan simpático como preocupante. El 17 de abril del 74 Argentina jugó un partido preparatorio contra un combinado rosarino. No parecía un examen demasiado difícil. Nadie contaba con que a un número 5 de Central Córdoba, El Trinche Tomás Carlovich, se le iba a ocurrir darles un baile tremendo a sus colegas para ser la figura en la impensada derrota albiceleste por 3-1. Poy, que jugó para el Seleccionado, descontó. Los goles del vencedor llegaron a través del Negro González (defensor de Central), Alfredo Obberti (delantero de Newell´s) y de Kempes, quien acababa de sumarse al conjunto canalla.

Por si ese traspié no hubiese sido suficientemente duro, Argentina se midió con Países Bajos, un rival del que se sabía poco y nada. Al parecer, a Buenos Aires no habían llegado demasiadas noticias del Fútbol total que desplegaban los naranjas y el lapidario 4-1 de los europeos no fue tomado con la relevancia que correspondía. De hecho, Rodríguez pronosticó que las huestes de Rinus Michels jamás podrían repetir una actuación como esa. Se equivocó: La Naranja Mecánica aplastó 4-0 a la Selección en la Copa del Mundo.

La derrota por 4-1 contra Países Bajos tuvo lugar en Ámsterdam el 26 de mayo, un mes antes del reencuentro en pleno Mundial. Poy jugó por última vez en el Seleccionado en ese encuentro en suelo neerlandés. Ingresó en el segundo tiempo en reemplazo de Telch. El rosarino integró la lista de 22 jugadores que viajaron a Alemania, pero no fue tenido en cuenta en ningún momento por Cap, Rodríguez y Varacka.

El plantel argentino en el Mundial de 1974.

De regreso a Central, la mala fortuna precipitó su retiro del fútbol. Por estar ligado a la Selección, casi no había intervenido en la campaña del equipo durante la primera mitad del año. En la Copa Libertadores había hecho posible el triunfo por 1-0 contra Unión Española en Chile y apenas había estado en ocho partidos del Metropolitano del 74 y había sumado solo dos tantos. Más allá de esa cuestión, comenzaba a vislumbrarse una interesante sociedad con Kempes.

Newell´s se apropió de su primer título profesional en el Metro 74. Un golazo de Mario Nicasio Zanabria en el clásico de la última fecha de la ronda final estableció el 2-2 que instaló en la cima a los leprosos. Como un designio de la fatalidad, el rival de siempre y Marito le tenían reservado un trago amargo a Poy, que tuvo una participación más activa en el Nacional, con 22 presencias y cinco goles.

El 30 de diciembre, en un partido que definía una plaza para la Copa Libertadores de 1975, Poy chocó con Zanabria y sufrió una seria lesión en la rodilla izquierda. Fue intervenido quirúrgicamente, pero eso no bastó para devolverlo a las canchas. Una segunda operación tampoco sirvió. El Aldo decidió ponerle punto final a su carrera. Tenía apenas 29 años. Aunque ese día Central ganó 2-0 con goles de Kempes y Cabral, para él el festejo no fue completo. Todo lo contrario. Su historia como futbolista llegaba a su fin. Atrás quedaban más de 300 partidos y 67 goles. Toda una vida como canalla.

El Aldo tuvo un paso por la política. 

Trabajó al lado de Griguol en 1977como parte del cuerpo técnico de Central y también incursionó en la política: fue concejal en Rosario por el Frente Progresista, Cívico y Social y presidente de la comisión de Salud y Acción Social de la legislatura local. Pero, por sobre todas las cosas, es, fue y será un ídolo del pueblo canalla y nada más y nada menos que el hombre de la palomita más famosa del fútbol argentino.