En los últimos días la preocupación mayor del gobierno fue la presión del mercado sobre las reservas. El alivio político obtenido una semana atrás, al conseguir que Diputados aprobara el DNU que autoriza al gobierno a acordar un nuevo convenio con el FMI, fue bienvenido por la plaza, pero no parecíó suficiente para aliviar la mezcla de incertidumbre y expectativas que obligó al Banco Central a seguir desprendiéndose de reservas y elevando la cotización de los dólares libres: el blue traspasó la barrera de los 1300 pesos.
Las dudas ya no se referían al acuerdo con el Fondo en sí (todo el mundo lo daba por hecho una vez que el DNU superó la Cámara Baja), sino a sus detalles: cuál será el monto que aportaría la entidad además de los que el país necesita para pagar los vencimientos con ella y en qué plazos y condiciones se entregarán los fondos frescos. Esos datos circunscriben las principales incertidumbres, centradas en los cambios que sobrevendrán en el régimen cambiario y sus consecuencias. Pero también hay incertidumbres de otro orden.
EL TEMOR A LA DEVALUACION
Ayer el Gobierno se vió forzado a mover al ministro de Economía, Luis Caputo, para tratar de serenar el ambiente. Después de blanquear en la noche del miércoles con Krystalina Georgieva, la número uno del Fondo, lo que pensaba hacer, Caputo difundió la cifra que su gobierno solicitó a la entidad y habría acordado en principio con su staff técnico: 20.000 millones de dólares. Lo hizo temprano el jueves en la Bolsa de Comercio, ante un público de empresarios y administradores de seguros.
Quería pinchar los rumores que vaticinaban una cifra menor. En Washington, el Fondo sólo acompañó con ambigüedad el discurso del ministro y omitió mencionar cifras (se trata convino su vocera de un “paquete de financiamiento considerable…pero el tamaño lo determinará finalmente nuestro Directorio Ejecutivo”).
El Gobierno también estaba interesado en aventar los rumores de devaluación que acompañan como una sombra las tratativas a la luz de lo que buena parte de los economistas caracterizan como atraso cambiario. No sólo lo hizo el ministro, sino que el propio Presidente lo respaldó con intensidad: reiteró que no devaluará “(voy a tener tantos dólares que respaldan la base monetaria, que me podrían sacar toda la base monetaria al tipo de cambio oficial y me sobrarían US$24.000 millones”, estimó), calificó de irrelevante la discusión sobre el tipo de cambio y aseguró que la volatilidad financiera de las últimas semanas –hasta ayer el Central tuvo que desprenderse de casi 1500 millones de dólares-, ocurrió porque “hubo un intento de golpe en la cuestión institucional-política, en la calle y en el mercado. O sea, el mercado es solamente una parte de todas estas cosas”.
INCERTIDUMBRE
Es posible que ni la jugada de Caputo ni la vehemencia de los razonamientos presidenciales aventen a corto plazo las incertidumbre. Faltan aún dos a tres semanas para que se produzca la aprobación del préstamo por el Directorio del Fondo y queden más claros sus detalles. Se especula con que, de los 20.000 millones que aludió Caputo, quedarían unos 8000 millones de dólares para fortalecer reservas.
Pero, ¿los fondos llegarán de una sola vez o a lo largo del tiempo de vigencia del convenio?. El Fondo no exige una devaluación, pero ¿no reclama “flexibilidad cambiaria”? Y esa flexibilidad, ¿no determinará, de hecho, un salto –digamos adecuación a la realidad- del tipo de cambio? ¿Qué pasará cuando el Gobierno empiece a retirar el cepo y los controles?
Esas y otras preguntas relacionadas garantizan que el estrés de los mercados se prolongue, tenga o no tenga el condimento golpista que el Presidente le atribuye. Hay un maquiavelismo de las cosas y los procesos.
LA INQUIETUD POLITICA
Es posible que el mercado (y su encarnación concentrada, el llamado círculo rojo) incremente su preocupación al observar que la resolución de esas dudas está enmarcada en una situación política difícil. La tendencia a la libertad económica, la desregulación y la inserción en el mundo, que pareció afirmarse durante los primeros meses de gestión de Milei, no tiene estructuras políticas sólidas que le den sustento, depende casi exclusivamente del vínculo entre Milei y la opinión pública.
Si bien ese vínculo mantiene vitalidad, atraviesa un tramo de decaimiento y un traspié en materia de inflación, el puntal decisivo de la gestión, podría traducirse en un decaimiento mayor. Empiezan a moverse actores que se mantenían a la expectativa: la CGT proyecta un paro, las movilizaciones de protesta se vuelven más frecuentes.
En ese contexto, el desafío electoral de este año y la apuesta del Presidente y su triángulo de hierro de despreciar alianzas con sectores afines, determinan el riesgo de un retroceso. El mercado y sus sectores más influyentes temen que una victoria en la provincia de Buenos Aires de la oposición “populista” (liderada por la señora de Kirchner o por el gobernador Axel Kicilof) trabaría el impulso que, con los rasgos de su estilo heterodoxo, Milei le aportó a aquellas tendencias aperturistas.
En suma, los mercados presionan en favor de mayor libertad en el plano económico (fin de las restgricciones cambiarias, libre flotación del dólar,etc.), y también demandan un marco de instituciones equilibradas, acuerdos básicos y convergencias que den fuerza electoral y política y garanticen previsibilidad. Están inquietos porque sospechan que las expectativas creadas por el Presidente libertario exceden las exclusivas fueras y posibilidades de su partido –La Libertad Avanza- necesitan herramientas más amplias y articuladas y no ven que el oficialismo admita esta necesidad.
Las dos fuerzas que, como mínimo, los mercados quisieran ver juntas ( el oficialismo y el PRO), en mayo se enfrentarán en la Ciudad de Buenos Aires mientras por ahora se limitan a jugar a las visitas y demoran un acuerdo en la provincia de Buenos Aires.
La inquietud de los mercados refleja más que incertidumbres económicas.
Las dudas ya no se referían al acuerdo con el Fondo en sí (todo el mundo lo daba por hecho una vez que el DNU superó la Cámara Baja), sino a sus detalles: cuál será el monto que aportaría la entidad además de los que el país necesita para pagar los vencimientos con ella y en qué plazos y condiciones se entregarán los fondos frescos. Esos datos circunscriben las principales incertidumbres, centradas en los cambios que sobrevendrán en el régimen cambiario y sus consecuencias. Pero también hay incertidumbres de otro orden.
EL TEMOR A LA DEVALUACION
Ayer el Gobierno se vió forzado a mover al ministro de Economía, Luis Caputo, para tratar de serenar el ambiente. Después de blanquear en la noche del miércoles con Krystalina Georgieva, la número uno del Fondo, lo que pensaba hacer, Caputo difundió la cifra que su gobierno solicitó a la entidad y habría acordado en principio con su staff técnico: 20.000 millones de dólares. Lo hizo temprano el jueves en la Bolsa de Comercio, ante un público de empresarios y administradores de seguros.
Quería pinchar los rumores que vaticinaban una cifra menor. En Washington, el Fondo sólo acompañó con ambigüedad el discurso del ministro y omitió mencionar cifras (se trata convino su vocera de un “paquete de financiamiento considerable…pero el tamaño lo determinará finalmente nuestro Directorio Ejecutivo”).
El Gobierno también estaba interesado en aventar los rumores de devaluación que acompañan como una sombra las tratativas a la luz de lo que buena parte de los economistas caracterizan como atraso cambiario. No sólo lo hizo el ministro, sino que el propio Presidente lo respaldó con intensidad: reiteró que no devaluará “(voy a tener tantos dólares que respaldan la base monetaria, que me podrían sacar toda la base monetaria al tipo de cambio oficial y me sobrarían US$24.000 millones”, estimó), calificó de irrelevante la discusión sobre el tipo de cambio y aseguró que la volatilidad financiera de las últimas semanas –hasta ayer el Central tuvo que desprenderse de casi 1500 millones de dólares-, ocurrió porque “hubo un intento de golpe en la cuestión institucional-política, en la calle y en el mercado. O sea, el mercado es solamente una parte de todas estas cosas”.
INCERTIDUMBRE
Es posible que ni la jugada de Caputo ni la vehemencia de los razonamientos presidenciales aventen a corto plazo las incertidumbre. Faltan aún dos a tres semanas para que se produzca la aprobación del préstamo por el Directorio del Fondo y queden más claros sus detalles. Se especula con que, de los 20.000 millones que aludió Caputo, quedarían unos 8000 millones de dólares para fortalecer reservas.
Pero, ¿los fondos llegarán de una sola vez o a lo largo del tiempo de vigencia del convenio?. El Fondo no exige una devaluación, pero ¿no reclama “flexibilidad cambiaria”? Y esa flexibilidad, ¿no determinará, de hecho, un salto –digamos adecuación a la realidad- del tipo de cambio? ¿Qué pasará cuando el Gobierno empiece a retirar el cepo y los controles?
Esas y otras preguntas relacionadas garantizan que el estrés de los mercados se prolongue, tenga o no tenga el condimento golpista que el Presidente le atribuye. Hay un maquiavelismo de las cosas y los procesos.
LA INQUIETUD POLITICA
Es posible que el mercado (y su encarnación concentrada, el llamado círculo rojo) incremente su preocupación al observar que la resolución de esas dudas está enmarcada en una situación política difícil. La tendencia a la libertad económica, la desregulación y la inserción en el mundo, que pareció afirmarse durante los primeros meses de gestión de Milei, no tiene estructuras políticas sólidas que le den sustento, depende casi exclusivamente del vínculo entre Milei y la opinión pública.
Si bien ese vínculo mantiene vitalidad, atraviesa un tramo de decaimiento y un traspié en materia de inflación, el puntal decisivo de la gestión, podría traducirse en un decaimiento mayor. Empiezan a moverse actores que se mantenían a la expectativa: la CGT proyecta un paro, las movilizaciones de protesta se vuelven más frecuentes.
En ese contexto, el desafío electoral de este año y la apuesta del Presidente y su triángulo de hierro de despreciar alianzas con sectores afines, determinan el riesgo de un retroceso. El mercado y sus sectores más influyentes temen que una victoria en la provincia de Buenos Aires de la oposición “populista” (liderada por la señora de Kirchner o por el gobernador Axel Kicilof) trabaría el impulso que, con los rasgos de su estilo heterodoxo, Milei le aportó a aquellas tendencias aperturistas.
En suma, los mercados presionan en favor de mayor libertad en el plano económico (fin de las restgricciones cambiarias, libre flotación del dólar,etc.), y también demandan un marco de instituciones equilibradas, acuerdos básicos y convergencias que den fuerza electoral y política y garanticen previsibilidad. Están inquietos porque sospechan que las expectativas creadas por el Presidente libertario exceden las exclusivas fueras y posibilidades de su partido –La Libertad Avanza- necesitan herramientas más amplias y articuladas y no ven que el oficialismo admita esta necesidad.
Las dos fuerzas que, como mínimo, los mercados quisieran ver juntas ( el oficialismo y el PRO), en mayo se enfrentarán en la Ciudad de Buenos Aires mientras por ahora se limitan a jugar a las visitas y demoran un acuerdo en la provincia de Buenos Aires.
La inquietud de los mercados refleja más que incertidumbres económicas.