La Naranja Mecánica

El baúl de los recuerdos. Holanda revolucionó el Mundial ´74 con un fútbol que aún hoy tiene vigencia. Liderada por un fenómeno como Johan Cruyff, aplastó 4-0 a la Argentina.

La revolución era incontenible. En todo el mundo aplaudían a una selección holandesa que se había adelantado en el tiempo y proponía conceptos más propios de este siglo que de sus días de esplendor en los años ´70 de la centuria anterior. Presión constante, rotación, dinámica, polifuncionalidad… Esas nociones parecían de ciencia ficción. En especial para el fútbol argentino. Por eso, en 1974 el equipo albiceleste fue una víctima indefensa de esa Holanda fabulosa, que, a pesar de no haber tenido la recompensa del título del mundo, dejó una huella imposible de borrar. Ese estilo que aún hoy tiene vigencia le dio un nombre eterno: La Naranja Mecánica.

Rinus Michels había sentado las bases de ese seleccionado en 1965 al mando del Ajax. El entrenador edificó un equipo que, partiendo de un teórico 4-3-3, expresaba un manifiesto respeto por la pelota y una voracidad ofensiva insaciable. Esas características eran consecuencia directa de la presión en toda la cancha -lo que hoy se conoce como presión alta-, una disposición plena para recuperar el balón apenas lo conseguían sus adversarios y, no bien lo tenían en su poder, se lanzaban velozmente al ataque. Para resumir, se definió esa concepción del juego como Fútbol Total.

El emblema era Johan Cruyff, un flaquito que conjugaba talento y sacrificio en iguales proporciones. Lideraba a una camada de notables jugadores como Johan Neeskens, Ruud Krol, Wim van Hanegem, Johnny Rep y Rob Rensenbrink, entre otros. Todos atacaban. Todos defendían.

En Argentina todo era muy diferente. Después del fracaso en las Eliminatorias previas a México ´70, el conjunto albiceleste casi había dejado de existir. Escasa competencia internacional, constantes cambios de técnicos, ausencia de personalidad futbolística definida… En pocas palabras, la Selección era un canto a la improvisación.

Tan absurda era la situación que asistió a la Copa del Mundo en Alemania Federal con un triunvirato técnico encabezado por Vladislao Cap, a quien secundaban sus amigos José Varacka y Víctor Rodríguez. Más allá del afecto, nada los unía. Tanto es así que diferían hasta en sus gustos tácticos. Eso repercutía en la puesta a punto para la competición mundialista a la que Argentina regresó tras ocho años de ausencia. A Cap le gustaba marcar en zona; Rodríguez prefería el líbero y los stoppers. Se llegó hasta al ridículo de jugar amistosos en los cuales en el primer tiempo se seguían las preferencias de uno de los técnicos y en el segundo todo se hacía de acuerdo con los dictados del otro.

HUMILLADOS Y SIN REVANCHA

“Quiero la revancha ya mismo. Estos nunca más nos hacen cuatro goles”, bramaba Rodríguez luego de una contundente derrota por 4-1 en un choque previo al Mundial. Ese 26 de mayo de 1974, los naranjas habían dado cuenta con llamativa facilidad de sus adversarios.

El 26 de junio, es decir un mes más tarde, esos equipos volvieron a estar cara a cara, pero en esa ocasión por la Segunda Vuelta Final de la Copa del Mundo. Se trataba de una instancia que, bajo el formato de zonas de cuatro conjuntos que jugaban todos contra todos, en lo formal constituía la instancia de semifinales del torneo.

Holanda había dado cuenta de Uruguay (2-0) y de Bulgaria (4-1) dando muestras de una asombrosa superioridad. Un empate 0-0 con Suecia pareció una pequeña prueba de que su fórmula no era infalible, más allá de que también había dominado a los escandinavos.

Argentina había accedido a esa fase con más pena que gloria. Derrotada 3-2 por Polonia y tras empatar 1-1 con Italia con un golazo de René Houseman y superar 4-1 a Haití, consiguió sortear la primera ronda gracias a que los europeos del este habían vencido a los azzurri en la última fecha del Grupo 4. El conjunto en el que se destacaban, entre otros, el goleador Grzegorz Lato, el arquero Jan Tomaszewski y el mediocampista creativo Kazimierz Deyna recibió un maletín lleno de dinero reunido por el plantel albiceleste para incentivarlo a que fuera en busca de un triunfo que no necesitaba.

Cap y sus laderos Rodríguez y Varacka le rendían un curioso culto a la falta de identidad. El equipo cambiaba de esquema cada vez que salía a la cancha: 4-2-4, 4-3-3, 4-4-2… Por si fuera poco, a los jugadores les imponían posiciones que les eran antinaturales. Francisco Pancho Sa, habitual marcador central, se desempeñaba como marcador de punta; a Ramón Heredia y Ángel Hugo Bargas, zagueros, los ubicaban como mediocampistas defensivos; Agustín Balbuena, puntero derecho, aparecía como volante por ese sector… La improvisación era ridícula.

La Naranja Mecánica no le tuvo piedad al endeble rival con el que se encontró en Gelsenkirchen. En 25 minutos ganaba 2-0 y ejercía una supremacía tan marcada que se avizoraba una victoria contundente. Abrió la cuenta Cruyff tras recibir un preciso pase y gambetear al arquero Daniel Carnevali. Luego, Krol aumentó con un remate desde fuera del área. Argentina apenas cruzaba la mitad del terreno.

El guardavalla Jan Jongbloed casi no tuvo trabajo. De hecho, solo se vio forzado a actuar ante un intento del Ratón Rubén Ayala -en ese entonces, junto a Heredia, figura del Atlético Madrid- a los 12 minutos del segundo tiempo. Jongbloed era muy amigo de Cruyff y esa relación le aseguró la titularidad debido a que el influyente atacante le exigió a Michels que prescindiera de Jan van Bereven, un pilar del PSV Eindhoven.

UNA DIFERENCIA ABISMAL

El trámite del partido se hacía cuesta arriba para la Argentina. El trío de técnicos había prescindido de Carlos Babington y Miguel Ángel Brindisi en la mitad del campo. En lugar del Inglés apeló a un marcador como Carlos Squeo y en lugar de su compañero en el inolvidable Huracán campeón a las órdenes de César Luis Menotti puso a Balbuena en una posición poco frecuente para él. Le costaba crear juego. En realidad, cada vez que conseguía la pelota, la perdía con suma rapidez debido a la presión holandesa.

Cruyff marcaba y jugaba. El zurdo Van Hanegem exhibía su clase. Neeskens se movía a su antojo en el medio. Krol se proyectaba por el costado izquierdo. Rep y Rensenbrink azotaban a la insegura defensa en la que el Mariscal Roberto Perfumo lucía impotente y Enrique Wolff no hacía pie. Roberto Telch, Squeo y el Mencho Balbuena veían pasar la pelota sin poder tomarla. Los delanteros eran meros espectadores.

Llovía torrencialmente en el segundo tiempo. El césped se hacia muy rápido. Si La Naranja Mecánica había estado cómoda con el terreno seco, pareció todavía más a gusto cuando éste se mojó. Argentina, en cambio, hacía agua. Cruyff, al igual que sus compañeros, no tenía una posición fija. Para los de Michels era común buscar el sector más propicio para explotar sus virtudes.

Cruyff, estrella del Barcelona, apareció por el flanco derecho de la defensa argentina y envió un centro que no pudo evitar el Hueso Rubén Glaría, sustituto de Quique Wolff. La pelota hizo blanco en la cabeza goleadora de Rep. El duelo estaba 3-0, pero daba la impresión de que la brecha en el marcador dependía solo de la puntería de Holanda. Carnevali la estaba pasando muy mal.

La variedad y riqueza de recursos de las huestes de Michels era abrumadora para una Selección argentina sin rumbo. Cerca del final, como si necesitara ponerle el broche de oro a su soberbia tarea, Holanda tocó la pelota a su antojo de un lado a otro de la cancha hasta que Van Hanegem aceleró hacia el arco, pero Carnevali consiguió rechazar. La pelota viajó en dirección de Cruyff, quien le pegó de primera y la introdujo en la valla.

El 4-0 era mentiroso. La diferencia entre la magnífica Holanda y la desordenada Argentina era abismal. Los albicelestes habían sido víctimas del Fútbol Total de la maravillosa Naranja Mecánica.

LA SÍNTESIS

Holanda 4 - Argentina 0

Holanda: Jan Jongbloed; Wim Suurbier, Arie Haan, Wim Rijsbergen, Ruud Krol; Wim Jansen, Johan Neeskens, Wim Van Hanegem; Johnny Rep, Johan Cruyff, Rob Rensenbrink. DT: Rinus Michels.

Argentina: Daniel Carnevali; Enrique Wolff, Roberto Perfumo, Ramón Heredia, Francisco Sa; Agustín Balbuena, Roberto Telch, Carlos Squeo; René Houseman, Rubén Ayala, Héctor Yazalde. DT: Vladislao Cap.

Incidencias

Primer tiempo: 10m gol de Cruyff (H); 25m gol de Krol (H). Segundo tiempo: Mario Kempes por Houseman (A); Rubén Glaría por Wolff (A); 28m gol de Rep (H); 39m Rinus Israel por Suurbier (H); 45m gol de Cruyff (H).

Estadio: Parkstadion (Gelsenkirchen, Alemania Federal). Árbitro: Bob Davidson, de Escocia. Fecha: 26 de junio de 1974.