Inició el año con nueva directora e interesantes visitas

La Filarmónica, con novedades


Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Concierto con obras de Missy Mazzoli, Benjamin Britten y Dmitri Shostakovich. Dirección: Baldur Bronnimann. Solista: Roman Simovic (violín). El sábado 15 en el teatro Colón.



Con la denominación ‘Esferas en órbita’ comenzó su ciclo anual a cargo de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires la directora griega Zoe Zeniodi, presentando un programa de particular interés por el concepto, que alude al título que proviene de la pieza inicial, una breve sinfonía de nueve minutos de Missy Mazzoli (44), nacida en Pensilvania y formada en el Mannes College of Music, y cuyo lenguaje se atribuye como producto del posminimalismo.
Interesante concepción la de esta pieza nacida para un orgánico camarístico desde un principio y que, tras revisarla, la autora la expandió a gran orquesta, como la escuchamos en esta ocasión.

Allí comenzó a destacarse la labor del director invitado, Baldur Bronnimann, de cincuenta y siete años, experto en la dirección de obras de estos últimos dos siglos, mostrando su solvencia y logrando del organismo un resultado de notorio ajuste y calidad.

De ahí que el siguiente número del programa ya estuviera referido a una importante composición del británico Benjamin Britten (1913-1976), considerado como uno de los continuadores de la gran tradición inglesa, autor de coincidas óperas y obras diversas de jerarquía, como el Concierto para violín y orquesta, op.15, en tres movimientos, que data de 1940.

Y allí justamente hizo entrada al escenario el violinista ruso -que es concertino de la Sinfónica londinense desde hace quince años- Roman Simovic. Nacido en Kemerovo y formado en Moscú, toca un Stradivari del año 1709 con el cual logró efectos brillantes del concierto con sus golpes de arco, arpegios, pizzicati y demás elementos contribuyentes a una versión que, acompañada con la orquesta impecablemente en los treinta y dos minutos de ejecución, produjo una verdadera ovación de los espectadores.

A tal grado que en una palpable demostración de virtuosismo, el violinista ruso agregó como encore la Sonata Nº3 ‘Ballade’ de Eugene Ysaye, afamado y virtuoso instrumentista belga, nacido en Lieja y considerado en su época como el rey del violín.

BUEN COMIENZO

Ahora bien, el concierto tuvo en su segunda parte la Sinfonía Nº 1 de Dmitri Shostakovich (1906-1975), una obra harto juvenil, escrita a los diecinueve años, que revela sus condiciones de destacado alumno de Glazunov y que compuso en cuatro movimientos con una extensión de media hora. En ese cuarto movimiento, un allegro molto de impulsos vigorosos, el director Bronnimann extrajo de las diversas secciones de la nutrida formación del orgánico un resultado altamente eficaz y contundente.

De modo que el concierto fue un legítimo ejemplo de buen comienzo de una programación extensa que abarca numerosas jornadas ya anunciadas y de la cual iremos dando cuenta oportunamente. Plausible debut entonces de la nueva conducción, presentada en el programa de mano por la propia directora Zoe Zeniodi diciendo que ‘Methexis’, en griego antiguo, es el acto de compartir en comunidad un hecho artístico entre los intérpretes y el público. Se verificó con creces el concepto.

Calificación: Muy bueno

FOTO: GENTILEZA  A. COLOMBAROLI