La Bruja Verón, el ídolo que volaba en escoba y forjó una dinastía en Estudiantes
El baúl de los recuerdos. Símbolo de los días más felices de los pincharratas, se distinguió por su habilidad y por sus goles decisivos. Es el padre de Juan Sebastián, otra figura inmensa que hoy preside el club.
“Si ve una bruja montada en una escoba... ¡ese es Verón, Verón, Verón que está de moda!”, cantaban los hinchas de Estudiantes. En los gloriosos días de fines de la década del 60 la habilidad y los goles de Juan Ramón, La Bruja, marcaron a fuego esa época y se prolongaron en el tiempo con Juan Sebastián, La Brujita, quien lideró otra etapa exitosa y hoy preside el club. Pero sí, todo comenzó con La Bruja, el ídolo que llegó volando en escoba y forjó una dinastía única e irrepetible.
Los Verón escribieron algunas de las páginas más destacadas de la historia pincharrata. Juan Ramón se encargó de nutrir los capítulos iniciales cuando el inmortal equipo construido por Osvaldo Zubeldía tocó el cielo con las manos. Tiempos del primer campeonato profesional, de la conquista de América y del mundo. Tiempos de brujerías que hechizaron a la porción albirroja de La Plata.
La Bruja desató la mayor alegría de Estudiantes cuando, en 1968, le puso la firma al gol que hizo posible la obtención de la Copa Intercontinental nada más y nada menos que contra Manchester United en Old Trafford. Su cabezazo perdura en la memoria del público pincharrata y pasó de generación en generación como solo lo hacen esos relatos que definen la identidad de un equipo por toda la eternidad.
Este cabezazo de Juan Ramón Verón le dio a Estudiantes la Copa Intercontinental contra Manchester United en Old Trafford.
Antes había señalado uno de los tantos a Palmeiras en la final que depositó por primera vez la Copa Libertadores en manos de Estudiantes. También había sido actor protagónico en la victoria sobre Racing que catapultó a las huestes de Zubeldía al título en el Metropolitano del 67. ¿Cómo no iban a dedicarle cantos plenos de admiración los hinchas si La Bruja los había hecho tan felices?
Curiosamente, en sus primeros días en Estudiantes no veían con buenos ojos su juego pleno de habilidad: exasperaba al público su tendencia a no soltar la pelota, como si jugara solo. Si hasta necesitó que Zubeldía lo enviara al costado opuesto al de la platea que ocupaban los simpatizantes albirrojos para alejarse de los insultos que le dedicaban. Le costó bastante ganarse el corazón de su gente, pero, cuando lo hizo, el amor fue para siempre.
La Bruja y La Brujita, dos ídolos inmensos de la historia pincharrata.
El propio Verón lo contó alguna vez: “El primer acierto de Osvaldo fue respaldarme a pesar de las críticas. A mí, la platea me tenía bronca. Decían que era un morfón porque me gustaba gambetear y entonces Osvaldo me cambiaba de punta para que no oyera los insultos. Así jugaba un tiempo de wing derecho y el otro de izquierdo, siempre en el sector más alejado de la platea oficial”. Su relato permite, además, comprender que no tenía problemas de perfil y que, por lo tanto, podía desequilibrar por ambos flancos del ataque.
Por si no bastara con su fraternal trato con la pelota, La Bruja poseía una más que interesante capacidad de definición y un letal golpe de cabeza. Con el tiempo, y amparado por los buenos resultados que cosechaba el equipo, no hubo forma de resistirse al encanto del fútbol que brotaba de los pies de Verón.
La Bruja pareció, en cierta medida, un equipo dentro de otro. El Estudiantes de Zubeldía no dejaba nada librado al azar. Todos sus integrantes tenían una tarea específicamente delineada por el técnico para fortalecer la estructura colectiva. En cambio, él era un solista. El único solista habilitado para improvisar en una orquesta cuyos integrantes no podían apartarse un ápice de la partitura. Gozaba de una libertad absoluta, toda una rareza en un conjunto en el que la concentración, el apego a un modelo táctico inflexible y el trabajo mancomunado se antojaban innegociables.
LOS COMIENZOS
La cuna de la familia estaba en Corrientes, pero Juan Ramón nació en La Plata el 17 de marzo de 1944. Su padre trabajaba en un frigorífico y regresó a su tierra natal poco después de la muerte de su esposa, víctima de una fatal pulmonía. El niño de 11 años se crio casi solo en la casa de una tía que hizo las veces de madre postiza. Correteaba por lo potreros de la Ciudad de las diagonales con el sueño de triunfar en el fútbol.
La Bruja Verón se lució en la época más gloriosa de Estudiantes.
Su primer acercamiento serio al más popular de los deportes lo hizo en Gimnasia, pero cuando se presentó no estaba abierto el período de prueba de jugadores. La salida lógica y rápida era intentar en Estudiantes. En ese tiempo no tenía lazos sentimentales con ninguno de los clubes platenses. Simpatizaba por Boca. Lo aceptaron en el Pincha y se sumó a la Novena División. Mostró sus condiciones desde el primer día y en un clásico de divisiones inferiores contra El Lobo cumplió una buena actuación y su nombre apareció en un diario local.
Cuando su padre vio el recorte que ponderaba la labor de su hijo le dio el visto bueno para dedicarse al fútbol. Ya no aparecían obstáculos a su paso para darle rienda suelta a su vocación, aunque debía respetar el mandato de trabajar. Ejerció diversos oficios, como los de pintor, panadero, ayudante de cocina y empleado del mismo frigorífico en el que su padre se ganaba el pan de cada día. Mientras escalaba con rapidez la cuesta de las distintas categorías juveniles, combinaba entrenamientos con el quehacer diario.
En su extenso ciclo con los colores del Pincha festejó 78 goles en 290 partidos y fue campeón en seis ocasiones.
A los 18 años, cuando integraba la Quinta División, le llegó el sorpresivo llamado del técnico Saúl Ongaro para debutar en Primera. El 12 de diciembre de 1962, Boca apabulló 4-0 a Estudiantes en La Bombonera y se aseguró el título que había empezado a paladear una semana antes, al vencer 1-0 a River en un partido que quedó en los libros de historia futbolera por el penal que Antonio Roma, famoso guardavalla xeneize, le atajó al brasileño Delem. Para Verón esa presentación oficial no fue satisfactoria, pues no jugó bien y, para colmo, el resultado hizo todavía más duro ese momento.
Juan Carlos Oleynicki; Manuel Castillo, José Antonio Gutiérrez, Rafael Albrecht, Rubén Cheves; Juan Carlos Rulli, Daniel Epeloa; Federico Horster, Rubén Koroch, Eduardo Flores y Verón fueron los once de Estudiantes. En esa formación había varios pibes de inferiores a los que Ongaro decidió abrirles la puerta para salir a jugar. Entre ellos estaba El Bocha Flores, quien había obligado a La Bruja a abandonar su puesto de número 10 para moverse por la punta, con el 11 en la espalda.
LA TERCERA QUE MATA
Verón no hizo inmediatamente pie en Primera. No regresó a la Quinta División, sino que lo integraron a la Tercera. El técnico de ese equipo era Miguel Ubaldo Ignomiriello. El presidente del club, Mariano Mangano, le había conferido la misión de formar un plantel del que pudiera nutrirse la Primera División en un futuro cercano. Debía encargarse de regar el semillero para que los mejores brotes vistieran la camiseta roja y blanca en los años siguientes.
Los integrantes de La Tercera que mata tuvieron un rol protagónico en los mejores días de Estudiantes.
Desde Sacachispas arribaron el arquero Alberto Poletti y el defensor Eduardo Luján Manera; de Tucumán llegó el zaguero Ramón Aguirre Suárez; Juan Miguel Echecopar dejó Pergamino para mudarse a La Plata y del club Everton de la capital provincial se incorporó a Rubén Pelusa Bedogni. Ellos unieron fuerzas con los pibes que venían desde abajo, como El Bocha Flores, Oscar Pachamé, Oscar Malbernat y Verón, a quien el entrenador se encargó de conseguirle una beca para que dejara de trabajar. Pretendía que se dedicara únicamente al fútbol.
Desde hacía un tiempo al habilidoso puntero izquierdo se lo conocía como La Bruja, un apodo que surgió de la inspiración de su compañero Hugo Mercerat. El talentoso mediocampista, que antes había jugado al básquet en su Tolosa natal, observó la angulosa nariz de Verón y la larga cabellera que volaba al viento en sus corridas por la punta y el apelativo apareció en un abrir y cerrar de ojos.
En 1964 Estudiantes fue subcampeón de Tercera División y un año más tarde se quedó con el título. Desplegaba un juego de una contundencia tal que el diario El Día, de La Plata, apeló a un título que se convirtió en una señal de identidad: “Esta Tercera no gana, mata”. Esa idea afloró luego de una victoria 6-3 sobre Vélez en un partido que El Pincha perdía 3-1 y le dio vida a un equipo inolvidable: La Tercera que mata.
Le costó seducir a los hinchas, pero cuando lo logró el amor fue para siempre.
Poletti; Manera, Aguirre Suárez, Pachamé, Malbernat; Hugo Mateos, Mercerat; Echecopar, Bedogni, Flores y Verón conformaban la alineación base de ese notable conjunto. Junto con ellos actuaban, entre otros, José Medina, Rodolfo Orife y El Bambi Gabriel Flores… Faltaba poco para que todo ellos se convirtieran en los responsables de las mayores alegrías futbolísticas de Estudiantes.
FIGURA DE UN CICLO MEMORABLE
A principios de 1965, Zubeldía tomó las riendas de un equipo que en los dos años anteriores había penado contra el promedio del descenso. Estudiantes corrió serio riesgo de perder la categoría en la primera mitad de la década del 60. El nuevo técnico, que atesoraba buenos resultados en Atlanta, debía encargarse de poner de pie a un conjunto urgido de dar un golpe de timón.
Del plantel que habían conducido sucesivamente Ongaro y Carlos Aldabe solo fueron ratificados Cheves, Raúl Madero y El Zurdo Miguel Ángel López. Zubeldia incorporó a Carlos Salvador Bilardo (Deportivo Español), Hugo Spadaro (Sarmiento de Junín), Enry Barale (Boca), Roberto Santiago (Independiente) y Marcos Conigliaro. Esa base tenía la misión de apuntalar a los integrantes de La Tercera que mata que el DT subió a Primera: Poletti, Malbernat, Pachamé, Flores y Verón.
Con Oscar Mas, otro de los grandes punteros izquierdos de los años 60.
La Bruja marcó sus primeros goles en la derrota por 3-2 a manos de Estudiantes en la segunda fecha. El arquero del Taladro era Eriberto Righi. Dos semanas después consiguió el empate 2-2 contra Boca en La Plata y en esa oportunidad su víctima fue Roma. Otras dos conquistas en el triunfo por 4-1 sobre Huracán en Parque de los Patricios demostraban que respondía muy bien a la confianza de Zubeldía.
Aunque cerró la temporada con nueve festejos personales y Estudiantes alcanzó un meritorio sexto puesto, el año no le deparó buenas noticias a Verón. Una lesión meniscal lo obligó a pasar por el quirófano y perdió terreno y efectividad, pues le tomó casi un año volver al gol. Así y todo, se dio un gusto reservado para pocos: en 1966 Estudiantes hizo una gira por El Salvador y La Bruja fue invitada a integrar el equipo local Alianza Fútbol Club junto con sus compañeros Santiago y Madero en un amistoso contra el Santos, de Brasil, en el que se lucía Pelé.
El puntero izquierdo marcó un gol y fue víctima de un penal que derivó en la histórica victoria del modesto conjunto salvadoreño sobre el mítico elenco brasileño. Ese triunfo fue siempre bien recordado por los simpatizantes del Alianza, quienes durante mucho tiempo enviaron fotos y obsequios al atacante argentino a modo de reconocimiento por su labor.
Cuando se afirmó, Verón terminó convirtiéndose en una pieza clave del equipo de Osvaldo Zubeldía.
A pesar de esa alegría momentánea, Verón sentía que le costaba afianzarse. La lesión y la sequía goleadora habían minado las esperanzas de triunfo del jugador. Pensó en emigrar, como si admitiera que le iba a resultar imposible sobresalir en Estudiantes. Zubeldía lo convenció de quedarse. Corría 1967 y, aunque La Bruja no lo sabía, estaba a pocos meses de ganarse el afecto de la exigente hinchada platense.
Estudiantes afrontó la Zona A del Metropolitano y se topó con rivales de cuidado como el superofensivo Racing edificado por Juan José Pizzuti que avanzaba a puro gol hacia la obtención de la Copa Libertadores y la Intercontinental. También se midió con un Vélez que, de a poco, iba conformando el plantel que le iba a dar su primer cetro de campeón un año más tarde. También enfrentó a Boca, que con una monolítica defensa había ganado los torneos de 1962, 1964 y 1965.
Uno de los duelos clave se dio, justamente, contra La Academia. Los pincharratas se llevaron dos puntos vitales en Avellaneda con un gol de Verón y también se impusieron en La Plata. Ese tanto había sido decisivo para que Estudiantes compartiera la primera posición con Racing, pero para los hinchas el mayor aporte de La Bruja resultó el tanto que abrió la cuenta en el 3-0 sobre Gimnasia en el clásico. Ese 1 de agosto, los de Zubeldía presentaron formalmente su candidatura.
La Copa Libertadores en manos de Carlos Bilardo y Zubeldía, con Verón y Poletti entre los testigos de la celebración.
En las semifinales se encontraron con Platense, de sorprendente campaña. Los calamares tuvieron contra las cuerdas a Estudiantes, que sobrevivió con una insólita jugada protagonizada por Bilardo y el arquero Juan Carlos Hurt que propició el gol de la victoria, sellado por Madero, de penal. En la finalísima se cruzó otra vez con Racing y con un planteo perfecto se alzó con un claro triunfo por 3-0 con un gol de Verón. Estudiantes se dio el gusto de conseguir su primer título profesional y rompió la hegemonía que los cinco grandes del fútbol argentino habían implantado desde 1931.
El campeonato fue el punto de partida. La Copa Libertadores se presentó en el horizonte y Estudiantes la persiguió desde el primer día. La Bruja tuvo un papel estelar en el nacimiento de la mística que los pincharratas desarrollaron en torneos internacionales. Con un gol contribuyó a la importante victoria sobre Independiente en Avellaneda y también aportó para el triunfo por 3-0 contra Deportivo Cali, de Colombia. También fue clave en la ronda siguiente contra Universitario, de Perú. Pero lo mejor estaba por llegar.
Los duelos entre Racing y Estudiantes dieron de qué hablar en esos días. Dos estilos marcadamente diferentes se disputaban la gloria. Los académicos representaban el fútbol ofensivo y creativo; los pincharratas era un conjunto aguerrido, superconcentrado y tácticamente muy aplicado. La bella y la bestia, podría decirse. Mentira: dos equipazos. Extendieron su rivalidad a las semifinales y prevalecieron los platenses en un desempate luego de un triunfo por 3-0 con dos tantos de Verón, uno de ellos con una formidable chilena. Por si fuera poco, La Bruja volvió a macar en el 1-1 que llevó a su equipo a la final.
La famosa chilena contra Racing que llevó al equipo platense a la final de la Libertadores en 1968.
Verón fue la figura de los duelos contra Palmeiras. Un gol en el 2-1 en La Plata, otro en la caída por 3-1 en Brasil y el segundo en el 2-0 en el tercer partido en Uruguay. Sí, Estudiantes conquistó América montado a la escoba de La Bruja…
Y cuando los de Zubeldía se proclamaron amos del universo contra Manchester United en la Copa Intercontinental, el 11 volvió a hacer de las suyas. Definió el encuentro disputado en La Bombonera y en la revancha en el famoso Old Trafford empató con un cabezazo ya mítico. Sufrió una infracción, Madero ejecutó el tiro libre al área. No llegaron Conigliaro y Néstor Togneri, pero sí lo logró La Bruja, quien doblegó a Alex Stepney para depositar a Estudiantes en la cima del mundo.
Poletti; Malbernat, Aguirre Suárez, Madero, Medina; Bilardo, Pachamé, Togneri; Felipe Ribaudo (lo reemplazó Echecopar), Conigliaro y Verón fueron los héroes en Old Trafford. Ellos quedaron eternizados como símbolos de la mayor proeza de Estudiantes. Muchos provenían de La Tercera que mata; todos le dieron vida a un ciclo memorable nacido de la impronta de Zubeldía.
En la tapa de El Gráfico, con Marcos Conigilaro y la Copa Intercontinental.
TRICAMPEÓN DE AMÉRICA
Insaciable, una vez consumada la hazaña en suelo inglés El Pincha se puso otra meta ambiciosa. Había sido protagonista del Metropolitano del 68, aunque muy por detrás de San Lorenzo, el incontenible líder de la Zona A.
Como de costumbre, Verón había colaborado con varios goles. Su mejor producción había sido en el 6-1 contra Platense, en el que marcó dos tantos. Y en la semifinal frente a Vélez le dio el triunfo que le permitió reencontrarse con San Lorenzo en la final.
No hubo caso: el equipo dirigido por el brasileño Tim era invencible y se impuso 2-1 (La Bruja descontó). Ganó el título sin conocer la derrota -fue el primer campeón invicto de la era profesional- y desplegó un juego tan ofensivo que fue bautizado como Los Matadores.
La formación que le dio a Estudiantes el primer título en la Libertadores.
En aquel entonces, el campeón reinante de la Libertadores ingresaba en la edición siguiente en las semifinales. Para un elenco tan determinado como Estudiantes eso constituía una ventaja enorme. En esa instancia de la edición de 1969 se quitó de encima a la Universidad Católica, de Chile, con dos éxitos idénticos (3-1). En el segundo de ellos, Verón abrió la cuenta.
Las huestes de Zubeldía exhibieron esa misma voracidad en la finalísima contra Nacional, de Uruguay, un oponente con el que los platenses tejieron una encarnizada rivalidad. Derrotaron a los tricolores 1-0 en Montevideo y 2-0 en La Plata. Todos los aplausos en esa definición se los llevó El Bocha Flores, autor de dos tantos en la serie.
La Intercontinental asomaba otra vez en el horizonte. El rival era Milan. Los italianos dominaron en su tierra con un rotundo 3-0. El desquite en La Bombonera resultó bochornoso y puso en evidencia la peor versión de un Estudiantes totalmente fuera de control: la de un salvajismo inaceptable.
La sangre de Néstor Combin resultó la mayor demostraciòn de la violencia que se apoderó del duelo Estudiantes-Milan.
El año se cerró con una derrota enmarcada por una repudiable muestra de inconducta deportiva que contrastó nítidamente con lo que había sido el comienzo del calendario. En febrero, diez meses antes de la furiosa actuación contra Milan, Estudiantes agregó a su colección la Copa Interamericana: se repartió triunfos y derrotas con el Toluca mexicano (La Bruja hizo un gol en la caída en La Plata), pero se apoderó de ese inédito lauro con un demoledor 3-0 en el estadio Centenario.
Tal vez por ese privilegio de verse año a año a apenas cuatro partidos de prolongar su supremacía en la Libertadores, Estudiantes perdía terreno en los certámenes locales. En cambio, en el ámbito internacional jugaba todo a ganador.
Dos personajes fundamentales: Zubeldía y el presidente Mariano Mangano.
En 1970 persiguió su tercer título consecutivo con una alineación que mostraba cada vez más variantes respecto del inicio del período de esplendor a las órdenes de Zubeldía. Madero se retiró al finalizar el año anterior, mientras que Poletti y Manera estaban suspendidos por su participación en la barbarie contra Milan en La Bombonera.
Las semifinales de la Libertadores se saldaron con un doble triunfo sobre River con Verón -responsable de dos de los cuatro goles de la serie- como estandarte. Si bien el equipo ya no era el mismo, El Pincha aún era un León hambriento. Con un solitario gol de Togneri dejó con las manos vacías a un combativo Peñarol en la final y se convirtió en el primer campeón que se consagraba tres veces seguidas. Los uruguayos también tenían tres títulos, pero no consecutivos.
No le alcanzó a Estudiantes para extender sus festejos en la Intercontinental porque sucumbió ante el Feyenoord neerlandés. En la cancha de Boca igualaron 2-2 con un gol de Verón y los europeos ganaron en Rotterdam. En el bando vencedor actuaban Win van Hanegem y Win Jensen, dos de los futuros integrantes de la revolucionaria Naranja Mecánica en la que brilló Johan Cruyff y que no tuvo la recompensa que tanto merecía por la sorpresiva derrota a manos de Alemania Federal en la final del Mundial 74.
Miguel Ubaldo Ignomiriello, el DT de La Tercera que mata, sucedió a Zubeldía.
El capítulo de éxitos coperos se cerró en 1971. Zubeldía ya había dejado Estudiantes y lo había sucedido Ignomiriello, el hacedor de La Tercera que mata. Los pincharratas aventajaron a Barcelona, de Ecuador, y Universidad Española, de Chile, en el Grupo B de las semifinales. Verón contribuyó con un tanto al triunfo sobre los trasandinos en La Plata. Y en la final volvió a aparecer Nacional en el camino. Ese clásico de la Libertadores en esa ocasión les permitió a los uruguayos redimirse del traspié del 69 al cabo de tres partidos.
Estudiantes perdió en su cuarta definición consecutiva después de tres victorias y dejó un sello indeleble en la historia del fútbol sudamericano. Desde ese momento ya nada fue igual, aunque la porción pincharrata de La Plata siempre supo que el equipo de Zubeldía había instalado un gen que se mantuvo inalterable más allá del paso de los años: el de la mística copera.
La Bruja encarnó un caso que suele ser bastante común en el fútbol: fue determinante en su equipo, pero apenas tuvo contacto con la Selección. Se podría decir que terminó como un ave de paso en el conjunto nacional. Apenas disputó cuatro partidos vestido de celeste y blanco en un lapso de poco menos de dos años.
Por más que haya jugado en otros equipos, Verón estará para siempre identificado con los colores de Estudiantes.
Es verdad: le tocó un momento pleno de turbulencias en el derrotero del Seleccionado por las canchas del mundo. Tanto es así que el entrenador que le dio su primera oportunidad fue El Bocha Humberto Dionisio Maschio, quien acababa de retirarse como pieza vital del Equipo de José, el Racing campeón de todo entre 1966 y 1967. Su designación como técnico podría verse como un antecedente no muy valioso de la decisión que tomó en 2018 Claudio Chiqui Tapia, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), con Lionel Scaloni.
De hecho, Maschio solo se mantuvo en el cargo por unos pocos partidos en los que dejó en claro que su pasado como primera figura dentro del terreno de juego no se replicaba del otro lado de la línea de cal. A las órdenes del Bocha, Verón debutó el 9 de abril de 1969 en un amistoso contra Paraguay que finalizó con un empate sin goles.
Edgardo Andrada (Rosario Central), Luis Gallo (Vélez), Roberto Perfumo (Racing), Madero (Estudiantes), Malbernat (Estudiantes); Antonio Cabrera (Boca), Alfio Basile (Racing), Victorio Nicolás Cocco (San Lorenzo); Pedro González (San Lorenzo) y Roberto Salomone (Racing) acompañaron al puntero izquierdo pincharrata en su primera vez en la Selección.
A pesar de su notable rendimiento en Estudiantes, fue un ave de paso en la Selección argentina.
Maschio abandonó el barco cuando el Seleccionado estaba al borde del naufragio en los días previos al comienzo de las Eliminatorias para México 1970. Su lugar lo ocupó El Maestro Adolfo Pedernera, el único que se atrevió a asumir en un contexto tan adverso. Por más que el antiguo cerebro de La Máquina de River en la década del 40 trató de encausar la nave, Argentina quedó por primera y única vez al margen de una Copa del Mundo en la etapa clasificatoria.
Verón regresó para vérselas otra vez con Paraguay en un amistoso. El 22 de octubre del 70 fue titular en el ataque junto con Ángel Marcos (Chacarita) y Héctor Yazalde (Independiente). El DT en ese entonces era Pizzuti, quien volvió a ponerlo desde el arranque en la caída por 4-3 a manos de Francia en la cancha de Boca el 8 de enero de 1971. La Bruja compartió la línea ofensiva con Roberto Gramajo (Rosario Central) y Alfredo Obberti (Newell´s).
Cinco días pasaron para que se produjera su despedida del Seleccionado. Estuvo en el triunfo por 2-0 sobre los galos en Mar del Plata con tantos de César Laraignée, de penal, y del Muñeco Norberto Madurga. En su última función en celeste y blanco jugó con Miguel Ángel Santoro (Independiente); Rubén Suñé (Boca), Perfumo (Racing, reemplazado por Miguel Tojo, de San Lorenzo), Laraignée (River), Jorge Carrascosa (Rosario Central); Madurga (Boca), Miguel Nicolau (Boca), Miguel Brindisi (Huracán); Marcos (Chacarita) y Chirola Yazalde (Independiente).
La Bruja al acecho en el área de Gimnasia en un clásico.
IDAS Y VUELTAS A LA PLATA
Ya no estaba Zubeldía y tampoco viejos camaradas como Poletti, Bilardo y Conigliaro. Estudiantes era otro. Los pobres resultados dejaron al equipo en riesgo de descenso, pero la pérdida de categoría se gambeteó con El Narigón como DT. Otros nombres secundaron a Verón en ese difícil momento. Más allá de los pesares con la continuidad en Primera, El Pincha saboreó varias victorias sobre Gimnasia y La Bruja contribuyó con algunos goles en esos instantes de alegría. Pero, por más que se sentía en su casa, no se resistía a la tentación de hacer un cambio en su vida.
Coqueteó con la posibilidad de mudarse a México, pero el destino lo transportó a Grecia. Se unió al Panathinaikos, en el que fue dirigido por una gloria del fútbol mundial, el húngaro Ferenc Puskas, figura de la magnífica selección subcampeona en Suiza 1954. Y tal como había ocurrido en La Plata, dejó impreso su sello de goleador. Registró 22 tantos en 57 partidos, en una prueba irrefutable de que su poder de fuego se mantenía intacto. En la temporada 1972/73 ocupó el quinto puesto en la tabla de artilleros con 14 conquistas.
Dejó La Plata para llevar sus goles a Grecia, donde se lució con la camiseta de Panathinaikos.
Si bien la experiencia fue satisfactoria, no podía estar tanto tiempo lejos de Estudiantes. Y en 1975 retornó por pedido de Bilardo. De la vieja guardia solo quedaba Pachamé, junto con jóvenes que pedían pista como José Luis Brown, Patricio Hernández, Rubén Pagnanini y Miguel Ángel Russo, más algunos jugadores consagrados como El Fantasma Miguel Ángel Benito, con un paso previo como goleador de Vélez. Ese equipo escoltó en el Nacional al River de Ángel Labruna que se quedó con los dos títulos de la temporada tras 18 años de increíble sequía.
Bilardo había tomado muchos ejemplos de Zubeldía, su maestro. Quería a sus futbolistas siempre compenetrados con las necesidades del equipo. Por ejemplo, antes de un partido contra Gimnasia retuvo en la concentración a Verón, quien se perdió el nacimiento de su hijo mayor, Juan Sebastián, la futura Brujita. En realidad, ese 9 de marzo del 75 pasó un rato para ver a su primogénito y después se presentó a jugar. Estudiantes empató 3-3 con El Lobo con un gol del creador de la dinastía pincha más famosa.
Volvió por primera vez a Estudiantes para aportar experiencia en el equipo que fue subcampeón en 1975.
La permanencia en su ciudad se prolongó apenas por un año, ya que partió rumbo a Colombia para continuar su carrera en Junior. El conjunto de Barranquilla tenía como director técnico a otro argentino, José Varacka. Se convirtió en figura con rapidez, al punto que en 1977 reemplazó a Puchero como DT y, al mismo tiempo, se desempeñó como futbolista.
En esa doble función llevó a los rojiblancos a su primer título profesional. Paradójicamente, compitió contra el Deportivo Cali que conducía Bilardo y el Atlético Nacional de Zubeldía. Festejó con compatriotas como Camilo Aguilar -excompañero en Estudiantes-, Juan Carlos Delménico y Eduardo Solari. La hinchada del Tiburón lo entronizó en su selecta galería de ídolos y él pagó con un título y muchos goles (34 en 85 partidos).
En Junior se dio el gusto de ser campeón en una doble función: jugador y técnico.
En 1978, con 34 años, cambió otra vez de rumbo y enfundó su cuerpo con la casaca negra y roja del Cúcuta. Arribaba con el prestigio de ser una figura colosal en Junior y por eso el presidente Germán Guerrero Vargas le otorgó carta blanca para recomendar jugadores y hasta al técnico. Sugirió la contratación de Aguilar y de otro argentino, Hilario Bravi, un delantero surgido en Newell´s y que luego estuvo en Unión, Godoy Cruz y hasta jugó en 1977 con Diego Maradona en Argentinos Juniors.
El DT escogido por Verón fue Oscar Cadars, otro oriundo de la tierra del colectivo, la birome y el dulce de leche. Los consejos de La Bruja se completaron cuando se acordó la incorporación del atacante Arnoldo Iguarán, quien en sus dos ciclos en el club a lo largo de casi dos décadas totalizó 57 goles en 195 presentaciones. Verón, por su parte, conservó su efectividad: 21 tantos en 39 partidos. El tiempo no humedecía la pólvora del artillero…
Durante su paso por Cúcuta mantuvo intactas sus condiciones de implacable goleador.
El retiro asomaba como una posibilidad muy cierta. Después de Cúcuta se imaginaba como entrenador, pero un llamado de José Yudica para iniciar una tercera etapa en Estudiantes lo persuadió de seguir con los botines puestos. El almanaque de 1980 empezaba a perder hojas cuando llegó otra vez a La Plata. Representaba la cuota de experiencia y linaje ganador en un plantel en el que actuaban el arquero Carlos Bertero, Abel Herrera, El Tata Brown, Russo, Julián Camino, Patricio Hernández, Hugo Gottardi, Guillermo Trama y Sergio Gurrieri, entre otros.
De a poco se iba perfilando el futuro bicampeón de 1982 y 1983 bajo la batuta de Bilardo y Manera, dos próceres de la era dorada. El 14 de octubre del 81 cayó el telón sobre la carrera de Verón en Estudiantes. Por la 7ª fecha del Grupo D de la primera fase del Nacional, El Pincha perdió 3-1 en su estadio contra el Boca que venía de ganar el Metropolitano con Brindisi y Maradona como pilares fundamentales. Una lesión en una rodilla lo forzó a dejarle su lugar a Christian Guaita al término del período inicial. Ya no iba a haber brujerías en el futuro cercano.
Atrás quedaban 78 goles y 290 partidos como referencias estadísticas de un brillante vínculo con Estudiantes que incluyó un título local (el Metropolitano del 67), tres Copas Libertadores (68, 69 y 70), una Intercontinental (68) y una Interamericana (69). También, incontables gambetas y jornadas de aplausos y ovaciones. Igualmente, Verón no pudo con su genio y se permitió una última oportunidad en el fútbol: jugó 12 encuentros y marcó tres tantos en Argentino de Quilmes, en el certamen de Primera B.
En 1980 se despidió de Estudiantes. Tuvo como compañeros a Brown, Russo, Camino, Herrera, Gottardi y Patricio Hernández, entre otros.
No se despegó del fútbol -no podía hacerlo- y probó como técnico en Guatemala y en algunos interinatos en Estudiantes. Siguió de cerca la carrera profesional -y más tarde la dirigencial- de La Brujita, su hijo y heredero de una dinastía ciento por ciento pincharrata. Dejó de ser La Bruja que montaba en una escoba y estaba de moda. En cambio, eternamente será el ídolo que aportó goles y alumbró con su habilidad los días más felices de Estudiantes.
Reencuentro de veteranos: Pinino Mas actuaba en Defensores de Belgrano y La Bruja jugaba sus últimos partidos en Argentino de Quilmes.