El ladrillo, un valor de reserva para los argentinos

Por Andrés Sabatini *

Como es sabido, el dólar es la divisa de intercambio comercial del mundo y se ha convertido, de alguna manera, en un patrón de refugio de valor para los argentinos, tanto para el ahorro como para la fijación de precios de referencia de commodities, inmuebles y toda clase de bienes durables. Sin embargo, en la cultura argentina está profundamente arraigado el ladrillo, la propiedad inmueble, los bienes raíces como reserva de valor y símbolo del ahorro. Este concepto virtuoso -inversión más ahorro- de nuestra cultura comienza a mostrar alentadores signos de recuperación en el presente y de cara al futuro.
La actividad inmobiliaria se convierte así en un actor fundamental del desarrollo argentino, junto a otros clásicos fenómenos productivos del país: el sector agrícola, la recientemente desarrollada industria del turismo y las potenciadas economías regionales.
El real estate argentino, es decir, la actividad inmobiliaria, cerró el año pasado con casi 55,000 operaciones en la ciudad de Buenos Aires, un 35% más que en 2023. Fue el mejor año desde 2018, donde se registraron poco más de 55,000 operaciones, casi igualando a un año que tuvo una excepcional palanca hipotecaria en el primer semestre.
Los datos duros hablan por sí mismos, aunque el peso de esos datos es simbólico, ya que representan el crecimiento del ahorro y de la inversión. Por cada peso que hoy se invierte en bienes raíces, hay un empujón al ímpetu macro de la economía, lo que supone una multiplicación exponencial de la riqueza nacional, potenciando la movilidad social y fortaleciendo los recursos públicos del estado.
No hay crecimiento sin inversión, ni hay desarrollo sin ahorro. Esa fórmula, directa, simple y sencilla, es lo que necesitamos los argentinos para salir adelante.
Albert Einstein: “En medio de la dificultad se esconde la oportunidad”.

* CEO Sabatini Negocios Inmobiliarios y Real State.