El ego y la mezquindad pueden destruir a la UCR

 

POR CARLOS MANSUR *

Se puede observar una clara y descontrolada ambición de poder que está poniendo a la Unión Cívica Radical bonaerense (UCR) al borde del precipicio.

Esta situación recuerda a una conducta típica de aquellos que, enfrentados a la derrota, optan por la necedad y el rechazo a aceptar su circunstancia. Históricamente, en Argentina, este tipo de actitudes ha sido más común dentro del peronismo que del radicalismo. Todos sabemos que, cuando el peronismo se encuentra fuera del poder, su reacción es atormentar al partido que ha sido democráticamente electo, buscando desestabilizarlo institucionalmente.

Actualmente, en la provincia de Buenos Aires, el radicalismo está inmerso en un conflicto similar, donde sectores como el de Martín Lousteau han adoptado una actitud beligerante.

Después del fallo de la Cámara Nacional Electoral que ordenó repetir elecciones internas en siete distritos, Martin Lousteau, y su gente han optado por la deleznables conducta: "Si no te la gano, te la impugno y si no te la impugno, te la intervengo."

En términos coloquiales, se asemeja a un niño que, siendo el dueño de la pelota, decide acabar el juego si no le agrada cómo se desarrolla.

Para entender mejor esta situación y esta escena, es fundamental conocer a los actores involucrados. Cuando realizamos una radiografía del radicalismo, nos encontramos con figuras clave que han marcado la historia de la política argentina. Enrique Coty Nosiglia, conocido como el "monje negro" de la UCR, fue ministro del Interior en la administración de Raúl Alfonsín.

Por otro lado, Cristian Colombo fue jefe de gabinete de Fernando de la Rúa. Ambos han jugado un papel crucial en la construcción de la figura pública de Martín Lousteau, quien, no olvidemos, ha sido también parte del equipo ( ministro de economía) de Cristina Fernández de Kirchner y firmante de la polémica resolución 125 que desencadenó un enfrentamiento entre el campo y el gobierno y dividiendo los argentinas situación que felizmente terminó resuelta en favor de nuestro campo.

En resumen, el actual panorama del radicalismo, sumido en un enfrentamiento interno por el poder, refleja nuevamente cómo las ambiciones desmedidas pueden llevar a los partidos políticos hacia el abismo.

La historia, como bien se sabe, no solo es circular, sino que también es angular, ubicada en un vértice donde siempre gravitan los mismos actores. La invitación queda a los lectores para que profundicen en esta red de intereses y personajes que emergen, más allá de los nombres que ya he mencionado.

La ambición desmedida de poder lleva a esta clase de actitudes de estos verdaderos impresentables no solo quieren matar al mensajero sino que también desean eliminar el mensaje pero recuerden una cosa nada menor: el radicalismo es un cuerpo de ideas que trasciende a los hombres y a los tiempos y siempre es preferible que se rompa pero que no se doble.

* UCR Junín.