FILOSOFIA COTIDIANA

Chesterton y los postes de madera

Una interpelación para recobrar el uso de nuestras facultades superiores.

Por Fernando Adrián Bermúdez *

El año pasado se conmemoraron los ciento cincuenta años del nacimiento de unos de los escritores ingleses más descollantes del siglo XX, Gilbert Keith Chesterton, nacido en Londres y heredero de la época victoriana, una de las más fructíferas en lo literario. En esta oportunidad, además de rendirle un homenaje al escritor y al periodista, quisiéramos resaltar la importancia que la realidad y su apertura a la contemplación de lo maravilloso tenía para el autor inglés.
El realismo, como concepción filosófica, nos recuerda en cabeza de Aristóteles que la realidad se impone al conocimiento.
Esto supone, entre otros aspectos, que el deber se funda en el ser, que la realidad es el fundamento de lo ético y que el bien es lo conforme a la realidad. Por eso, quien quiere conocer y obrar el bien, debe dirigir su mirada a la realidad objetiva, al ser. No a la propia intención, ni a la conciencia, ni a los valores, ni a los ideales y modelos establecidos por uno mismo. Debe prescindir de su propio acto y mirar primero la realidad.

TESIS CENTRAL

Esta tesis central de la gnoseología realista la tomará Chesterton y la desarrollará de manera alegórica y paradojal, como nos tiene acostumbrados. En uno de sus ensayos afirma que toda persona sana debe de alimentarse tanto de ficción como de realidad, en algún momento de su vida; porque la realidad es una cosa que el mundo le da, mientras que la ficción es algo que ella da al mundo y que no tiene nada que ver con que el hombre sepa escribir, y ni siquiera con que sepa leer.

Por eso los seres humanos no pueden ser humanos sin algún campo de fantasía o de imaginación, de alguna vaga idea de la novela de la vida e, incluso, de algunas vacaciones de la imaginación en la novela, que es el refugio de la vida.
Como se puede apreciar, no solo la realidad, sino la ficción tendrá un papel fundamental en la formación del hombre y su cultura.

En este sentido es conocida la insistencia del autor inglés en la lectura de los cuentos de hadas y su importancia no solo en la vida de los niños, sino también de los adultos. Ahora bien, alimentarse de la realidad no significa en el hombre, como afirmaba Gadamer, la trivial constatación de lo que efectivamente existe o tiene existencia, sino que es conseguir en la praxis vital de cada uno ver lo que es, en lugar de lo que se desea que fuera. Es decir, darle prioridad a la realidad con la exclusión de los prejuicios que podemos tener en el proceso de conocimiento para ver lo que es.

POSTES DE MADERA

De esta manera nos aproximamos a la importancia de los postes de madera. Afirma: “Cuando era joven escribí muchos poemitas, principalmente acerca de la belleza y la necesidad de lo maravilloso; ése era en mí un sentimiento genuino y todavía lo es. El poder de contemplar los seres y los paisajes simples en una especie de luz solar de sorpresa; el poder de dar un salto a la vista de un pájaro como ante una bala alada; el poder de ser arrastrado a la quietud por un árbol o por el gesto de una mano gigantesca. En una palabra, el poder de chocar poéticamente con la propia cabeza contra un poste, es algo que es diferente en distintas personas y puedo decir, sin engreimiento, que es parte de mi propia naturaleza humana”.

Éste es uno de los problemas del hombre actual, que no busca el poste afuera en el jardín, sino adentro suyo, en el espejo de su mente. De esta manera el hombre ha parcelado o cuadriculado la totalidad de los conocimientos, y esto le deja satisfecho; ha trazado líneas divisorias, ha clasificado a su manera, y ha puesto cada opinión, argumento, principio y tendencia en su lugar correspondiente; pretendiendo saber dónde hay que hallar cada cosa, pero siendo incapaz, a veces, de aprender cualquier otra distribución.

Por eso Chesterton nunca estuvo interesado en los espejos, en su propio reflejo, o reflejos; estuvo interesado en los postes de madera, que lo sorprendían como milagros. Estoy interesado en el poste que me está aguardando fuera de la puerta de mi casa, decía, para darme un golpe en la cabeza, como el garrote de un gigante en un cuento de hadas.

Ahora bien, el poste de madera simboliza para Chesterton un despliegue de la inteligencia, que permite conocer la realidad que nos rodea y a conocernos a nosotros mismos. Como bien afirmaba Tomás Melendo, es una radical apertura a todos los bienes que ofrece el universo y enriquecen y destraban a la persona. Es romper con la tiranía y a la esclavitud del saber angosto, ensanchando nuestra mirada del hombre como parte de una realidad que lo supera, pero que también lo define como parte de esa realidad.

EL VALOR REAL

El poste es maravilloso simplemente porque está allí, no importa si me gusta o no. Lo sorprendente del universo, dirá Chesterton, es que existe, no que podamos discutir su existencia. De esta manera se recupera el valor real de nuestra inteligencia salvando y reivindicando la primera intelección del ser inteligible. Así como el oído alcanza lo real como sonoro, la inteligencia lo capta como real inteligible y verdadero. Tiene así, en su primer contacto con las cosas, una primera noción del ser y de lo verdadero.

Chesterton nos interpela a recobrar el uso de nuestras facultades superiores que se han atrofiado por tiempos de negligencia en que la mente y la voluntad se han concentrado en temas superficiales y no en la conquista de la realidad a través de la contemplación de lo maravilloso. Por eso debemos estar más interesados en los postes de madera que nos están aguardando fuera de la puerta de nuestras casa, para darnos un gran golpe en la cabeza, como el garrote de un gigante en un cuento de hadas.

* Docente universitario UM-UNCuyo.