Los caminos de Foster

Para hablar de Foster Gillett, el empresario estadounidese que asusta al fútbol argentino, hay que empezar refiriéndose a su padre: George Nield Gillett Jr. Al cabo, fue el bueno de George, quien ahora tiene 86 y mira como su hijo amasa la fortuna familiar, el que la hizo crecer. El viejo Gillett, de joven, resultó un hábil empresario de los medios de comunicación, los deportes y los entretenimientos. Se divirtió haciendo dinero. Y Foster quiere hacer lo mismo, aunque habrá que ver si resulta tan rápido como su padre.

Según los reportes que miden a los empresarios más ricos del mundo, los Gillett están bien parados en ese ránking: el último dato (siempre es complicado conocer los números con exactitud) indica que en 2022 manejaban un patrimonio de alrededor de 700 millones de dólares. Se estima, a esta altura, que deben tener mucho más. Sobre todo, a partir de las movidas que hacen. Por ejemplo, las que empezaron en el país de la mano de Estudiantes hace unos meses pero se fueron frenando en los últimos días. Se hicieron más lentos. Algunos, incluso, quedaron stand by.

La historia de la acumulación de capitales más famosa y polémica de la pyme familiar, data de 2007. Fue hace 18 años cuando, Foster y papá George, junto con el empresario Tom Hicks, compraron Liverpool, hoy el mejor equipo de Inglaterra pero que, entonces, andaba a la deriva.

No les fue bien con los Reds. Los socios se enojaron y el club quedó al borde de la quiebra. Rápidos de reflejos, los Gillett vendieron sus acciones y salieron eyectados de la Premier.

Se dedicaron, entonces, al negocio del automovilismo, pero en los Estados Unidos, su país de origen. Apostaron al mundo NASCAR. Intentaron comprar el equipo Ray Evernham, le pusieron de nombre Gillett Evernham Motorsports, pero la oferta inicial de 90 millones de dólares nunca llegó a saldarse. Además, incursionaron en la NLF y hasta participaron con capitales en los famosísimos y ochentosos Harlem Globetrotters, aquel maravilloso equipo que hacía shows mágicos de básquetbol que embelesaban a chicos y grandes.

Sin embargo, los Gillett siempre soñaron con pisar fuerte en el fútbol. Y Foster saltó a la fama, para los argentinos, recién el año pasado, cuando hizo buenas migas con Juan Sebastián Verón, el presidente de Estudiantes, quien no ve con malos ojos los ingresos de capitales privados al negocio de la pelota. En la AFA odian a la Brujita por eso.

En sintonía, el hombre fuerte del Pincha y el empresario yanqui, cerraron un acuerdo que informaron al mundo. Gillett prometió invertir una suma millonaria para darle un salto de calidad al plantel platense, a cambio de ¿regalías? Bien no se sabe. Pero, a modo de ejemplo, compró rápidamente la ficha de Cristian Median, quien se atravesaba en una situación conflictiva con Boca, en 15 palos verdes y lo cedió a Estudiantes.

En la Ciudad de las Diagonales hablaron de revolución, aunque no todos estaban tan convencidos como Verón de la llegada de los Gillett al club. Los que más dudan del acuerdo son quienes reniegan de las Sociedades Anónimas, vieja discusión que enfrenta a la Asociación del Fútbol Argentino con el mismísimo Gobierno nacional.

Lo que sucedió en la semana con las frustradas contrataciones de Rodrigo Villagra y Valentín Gómez por parte del grupo inversor, sembró un pesado manto de dudas sobre el ya polémico Foster. Guillermo Tofoni, apoderado del empresario, salió a defenderlo. Aseguró que el hombre sigue en contacto con el club y piensa invertir nomás. "Parte de la prensa mal informa. Estudiantes demoró la Asamblea. Y al no haber Asamblea, Foster tenía cero obligación de invertir en Estudiantes", dijo… Raro.

Tofoni agregó que Gillett "le dio activos a Estudiantes por 20 millones de dólares como gesto de buena voluntad". Y justificó, en una entrevista con Beo Sports, las demoras en los pagos que provocaron la caída de los pases de Villagra (de River) y Gómez (capitán del último Vélez campeón), operaciones que habían sido anunciadas como parte del ambicioso plan del empresario norteamericano en su desembarco en el fútbol criollo.

Según su versión, el retraso se debe a cuestiones administrativas y a la transferencia de fondos desde el exterior: "Foster se manda todo el dinero del fútbol a Inglaterra. Eso le está llevando más tiempo de lo normal, por eso está demorando. Ni bien se destraben los fondos que tiene, va a seguir invirtiendo en la industria".

Sobre Villagra, Tofoni especificó que nunca hubo un contrato firmado, aunque aceptó que sí conversaciones avanzadas. "No se cometió ningún tipo de desprolijidad. Se habló con el representante pero nada más", detalló. Y en el caso de Gómez, en cambio, reconoció que sí hubo un contrato, pero que Vélez no aceptó las garantías. "Ellos querían el cash. Necesitaban los fondos en el momento y, como la transferencia no llegó en tiempo y forma, prefirieron no hacer la venta", explicó.

Horas antes desde la dirigencia del club de Liniers publicaron un informe intimando a Gómez a reintegrarse rápidamente al plantel, que tanto lo necesita. Y contaron que sólo le habían permitido entrenarse fuera del club por expreso pedido del jugador de ser vendido, pero que el dinero nunca apareció.

Por ahora, la incertidumbre sigue creciendo en Estudiantes aunque parece que Verón no pierde la fe en el hombre. Mientras tanto, Foster acaba de sellar otro acuerdo, pero en Uruguay. Se hará cargo de Rampla Junior, que tiene sus números en rojo. Cruzando el charco existe la figura de las Sociedades Anónimas Deportivas. Quien hasta ahora era el presidente de la institución, Gabriel Kouyoumdjian, muy probablemente, será el secretario de la nueva SAD.