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Ciencia y Salud
Envejecer mejor depende de una educación positiva
18.12.2016 | El cardiólogo español Valentín Fuster, que publicó recientemente junto con el periodista científico Josep Corbella el ensayo "La ciencia de la larga vida", considera que la vejez se puede empezar a controlar ya desde el nacimiento y que no debe ser vista como una etapa de declive inexorable.

El cardiólogo español Valentín Fuster, que acaba de publicar junto con el periodista científico Josep Corbella el ensayo "La ciencia de la larga vida", asegura que "la vejez no necesariamente ha de ser vista como una etapa de declive inexorable, y para evitarlo se debe empezar pronto con una educación positiva".

Ese declive, añade el director del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) y del Mount Sinai Medical Center de Nueva York, se puede frenar, pues "la edad cronológica a veces no refleja la edad biológica", y cuanto antes en la vida uno decide que esto es así, es mejor.

La falta de ejercicio físico, la obesidad, el tabaquismo, la hipertensión, la diabetes y el colesterol alto no tratados son aspectos que van dañando el cuerpo, y cuando se llega a la edad de 60-70 acaban afectando la salud, sostienen los autores de "La ciencia de la larga vida" (editado en España por Planeta/Columna).

 "Nunca es tarde para remediarlo", advierte Fuster, "pero lo ideal es hacerlo cuanto antes, lo ideal es comenzar con los niños, pues, de hecho, la vejez se puede empezar a controlar ya desde el nacimiento", asevera el prestigioso cardiólogo.

Corbella explica por su parte que "los datos desmienten los múltiples prejuicios que hay en torno a la edad y demuestran que no hay un declive inexorable y que el envejecimiento se puede frenar, algo que nunca había sido posible, se puede modular".

PICO DE PLENITUD

De hecho, a nivel emocional, a partir de los 50 la mayoría de las personas se sienten más felices y con más plenitud", apunta Corbella, quien subraya que no se puede hablar de un menor rendimiento intelectual, pues "algunos tipos de inteligencia empeoran, pero otros mejoran, como los basados en la experiencia, que te permite contemplar aspectos sutiles; o la capacidad de interpretar emociones en las caras de los demás".

Al final de cada capítulo del libro, los autores incluyen un consejo final, entre ellos: "No espere a encontrarse mal para empezar a cuidarse".

Indica Fuster que "para que los adultos den importancia a la salud y la tengan como una prioridad en sus vidas, deben comenzar temprano, siendo niños".
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A su juicio, se debe empezar por el cerebro, "pensando en la necesidad de cuidarse"; luego, actuando en familia, en comunidad, porque "la acción debe ser de conjunto y debe haber una motivación especial para tener en el futuro más calidad de vida"; y, finalmente, tener claro que "el ejercicio es fundamental".

El cardiólogo transmite un consejo común a todas las personas: "mantenerse activo física e intelectualmente, y conservar tu vida social, porque en la naturaleza todo lo que no se utiliza se degrada y pierde".

BUENAS PRACTICAS

Además, a partir de los 50 años, es imprescindible "no fumar, practicar actividad física, tener una dieta saludable y, en caso de beber alcohol, hacerlo con moderación".

Para prevenir las enfermedades cardiovasculares, Fuster aconseja "controlar la tensión arterial una vez cada dos años, los niveles de colesterol y de azúcar en sangre, y si se es fumador se ha de mirar un posible aneurisma de aorta abdominal a partir de los 65".

En relación a los cánceres, los mayores de 50 años deben hacerse pruebas de diagnóstico precoz del cáncer colorrectal, mamografías cada 1 a 2 años y citologías por lo menos una vez cada 3 años; y, asimismo, continúa Fuster, se debe hacer una prueba de detección de la depresión, un test de osteoporosis a partir de los 65 y vacunarse cada otoño contra la gripe.

En tanto, la alimentación debe ser variada y en cantidad y calidad adecuadas, para evitar la obesidad: "La obesidad no mata, pero lleva a una presión arterial y a un colesterol altos".

Los autores cuestionan incluso cierto determinismo que se atribuye a la huella genética, porque "la estructura genética puede cambiar en función de nuestra conducta (la dieta, el ejercicio físico, el tabaquismo)".

Aunque Fuster piensa que "la dieta mediterránea es la ideal para vivir muchos años, la cuestión es que, quizá se está dejando de seguir, porque resulta más fácil tender a comer alimentos procesados".
No menos importante es, según el cardiólogo, "tener conciencia de una misión en la vida, que tiene que ver con la actitud de tener algo que hacer por alguien o por alguna causa".

Fuster y Corbella dedican un capítulo al sexo durante la vejez, un tema considerado "tabú", aunque para esta práctica, precisa el cardiólogo, es necesario "tener una buena salud, sobre todo desde el punto de vista cardiovascular".

En relación a la longevidad, Fuster recuerda que "en los últimos tres decenios la vida se ha prolongado en tres años en cada década, hasta alcanzar los 83 y 86 años en hombres y mujeres en España", pero, como observa Corbella, "la longevidad máxima de las personas no ha aumentado y no ha superado los 115-120 años".

Sin embargo, "lo que permite prolongar la vida no es mejorar el tratamiento tecnológico, sino prolongar la salud y el objetivo debe ser vivir con buena salud", apunta Fuster, quien, parafraseando a Lincoln, subraya: "No son los años que uno vive, sino cómo vives esos años".

DESDE LA INFANCIA

Según Fuster, es fundamental inculcar hábitos saludables en la edad preescolar, desde los tres años, porque supone "una ventana de la oportunidad" para conseguir una mejora en la salud cardiovascular en la vida adulta.

Así lo aseguró al presentar los primeros resultados del "Programa Sí!", que él mismo lidera, y que consiste en una intervención en las escuelas diseñada para promocionar la salud cardiovascular desde la etapa preescolar hasta la secundaria, en las áreas de la alimentación, conocimiento del cuerpo y corazón, actividad física y gestión emocional.

Cerca de 15 investigadores de la Fundación SHE, que preside Fuster, del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares y del Hospital Mount Sinaí han evaluado la eficacia de este programa entre 2.000 niños de 3 a 5 años de edad, de 24 colegios de Madrid durante los cursos 2011-2012 y 2013-2014.

Mil de esos niños, explicó el cardiólogo, participaron en estos programas durante más de 70 horas y los otros mil lo hicieron durante muy poco tiempo.

Fuster indicó que los resultados muestran que la conducta, la actitud, los hábitos, incluso el peso y el ejercicio físico por parte de los niños del primer grupo era mucho mejor que los del otro grupo.

"Es muy pronto, son tres años de seguimiento, y no puedo dar ahora una cuantificación, pero diré que se ha reflejado de un 25 % a un 50 % de mejoría en cuanto a todos los aspectos relacionados con la salud", subrayó el profesional.

Si bien el mayor impacto en el conocimiento se produce durante el primer año, no es hasta los tres de intervención cuando se produce una traducción del impacto en modificaciones de hábitos, en concreto los alimenticios y los relacionados con la actividad física.

También el estudio demostró que inculcar a los niños hábitos saludables impacta en los marcadores de adiposidad, como el perímetro de la cintura o el porcentaje de grasa, que están directamente relacionados con la salud cardiovascular.

"El programa tiene sus bases en que entre los 3 y 6 años de edad desarrollamos nuestra conducta como adultos, la enfermedad cardiovascular tiene mucho que ver con la conducta, con lo cual es la ventana de la oportunidad", sostuvo el cardiólogo.

Fuster recordó que las enfermedades cardiovasculares suponen la primera causa de mortalidad en el mundo y tratarlas para alargar la vida a los pacientes "es muy caro", por lo que enfatizó la importancia de la prevención de estas patologías para frenar este gasto.

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