DE QUE SE HABLA HOY

La homilía de Poli, fue el pedido de una propuesta inútil

Hay muchos ciudadanos que como yo descreen de los políticos criollos que han dado muestras de ineptitud como uno de sus males menores. Esta razón hace que uno piense que a veces los referentes, en especial los religiosos,  tienen una visión demasiado idealizada tal vez motivada por el exceso de Fe, que los conduce por el camino  de lo que debería ser lo correcto, pero si lo correcto dependiera de hombres y mujeres "normales" y no es el caso de nuestro país.

Ayer en el Tedeum en la Catedral Metropolitana por el aniversario del 25 de Mayo, el cardenal y arzobispo de Buenos Aires, Mario Poli, dijo ante el presidente de la Nación y otros funcionarios algunas cosas que sonaron a sueños incumplibles. El religioso primero advirtió: "Cuando aquellos que se dedican a la política no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso de destrucción".

La primera conclusión es que nuestros hombres públicos casi se dedicaron en exclusividad en "oprimir" y "marginar" a millones de compatriotas y "destruir" los principios básicos del sistema democrático, al menos en los últimos treinta años. Esto lo confirma el propio Poli un párrafo adelante cuando dice "una tercera parte de los argentinos vive en la pobreza". 

Si no se hubiesen dedicado a practicar por sistema las malas virtudes de su advertencia, créame monseñor que las estadísticas darían otras cifras más halagüeñas. Cargado de buena voluntad, el arzobispo de la Ciudad lanzó una propuesta repleta de optimismo pero otra vez alejada de cualquier posibilidad de realizarse teniendo en cuenta los valores de nuestra clase política.

Preguntó Poli en voz alta: "¿No será el momento de ir hacia un gran pacto nacional con miradas amplia y generosa, que no sea funcional no coyuntural, dejando de lado mezquinos intereses sectoriales?".

Miré monseñor, hasta la mirada amplia y generosa ni funcional ni coyuntural, que me genera dudas, es aceptable, pero lo de "dejando de lado mezquinos intereses sectoriales" es una verdadera utopía en esta Argentina.

Usted mismo asistió hace dos o tres semanas atrás a una propuesta parecida en su enunciado a la suya que generó un terrible alboroto para quedar definitivamente diluida ente operaciones partidarias. Los grandes acuerdos y los pequeños les parecen a nuestros dirigentes actas de rendición y no planes a futuro. Monseñor Poli insistió en su homilía como si no quisiera renunciar a sus buenas intenciones y agregó: "Se trata de una propuesta superadora de todo partidismo y facción, con la conciencia de que la unidad prevalece sobre el conflicto, la realidad es más importante que la idea, el todo es más que la parte", sería genial, pero si ni siquiera pueden ponerse de acuerdo en sus propios partidos donde supuestamente todos defienden ideológicamente lo mismo.

Ya al final de su insistencia Poli terminó su alocución diciendo a los políticos: "Sean capaces de gestar una cultura del encuentro, con inteligencia, creatividad e imaginación, reunidos en una mesa de diálogo que acentúe las coincidencias y no tanto las diferencias". Yo le contesto, no, no son capaces de gestar esa cultura del encuentro que usted les propone porque no quieren, les parece que les hace perder el "negocio" del poder y mucho menos poner sobre una mesa de diálogo, inteligencia, creatividad e imaginación. La primera la tienen limitada y el algunos casos muy escasa; lo creativo pasa por las pequeñas y grandes traiciones y la imaginación solo la tienen puesta en las ambiciones por alcanzar el poder. Por supuesto todos declararon que sus palabras monseñor eran el mensaje que esperaban oír para conseguir un país mejor pero sin dejar de adjudicarse su propia autoría: "Lo que dijo Poli es el gran acuerdo que propuso Macri" dijeron unos, mientras que otros repetían "Las palabras del arzobispo son el contrato social que pidió Cristina". Así estamos monseñor Poli, así estamos.

V. CORDERO